Imploding the Mirage | The Killers

Por: Katherine Gerena

Hay sentimientos remanentes en la vida, que sin importar el pasar cruel del tiempo, el cual pudiese modificar de alguna u otra manera, siempre intentan volver a la misma forma de la cual estaba antes: los recuerdos, los sueños, las palabras, las heridas, los lugares. El cuarteto originario de Las Vegas retorna parece explorar este sentir volviendo a los sonidos de los cuales nos enamoramos alguna vez.

Cuando Brandon Flowers cantaba alrededor del 2004 en Smile Like You Mean It: «And someone is playing a game / In the house that I grew up in / And someone will drive her around / Down the same streets that I did / On the same streets that I did», describía de manera perfecta aquel retroceso cuando volvemos a los lugares los cuales conocemos con la palma de la mano. Imploding the Mirage es la premonición de aquellas letras que marcaron las vidas adolescentes de quienes crecieron con Hot Fuss.

Hay algo cierto en el efecto The Killers sobre su base de oyentes y muchos coinciden en haber perdido a la banda del radar después del Hot Fuss, el cual sigue consolidándose como su obra prima. Varios intentos posteriores con Sam’s Town, Day & Age, Battle Born, Wonderful Wonderful -incluso, el material recopilador de sus mejores éxitos: Direct Hits– dieron algunas pistas de la línea, el camino y el horizonte que había tomado la banda con éxitos indispensables como Read My Mind, Human, Spaceman, Here With Me, Miss Atomic Bomb, Shot at the Night. Sin embargo, nada diferente.

Imploding the Mirage, con la participación de Jonathan Rado como compositor y productor, es el álbum synth-rock alternativo que intenta remediar como disculpar todo ese tiempo perdido que hemos tenido sobre la banda. Tal vez nada nuevo o extraordinario lejos de ese riff bastante alegre y bailarín que ha dejado la influencia ochentera de Bruce Springsteen sobre la banda, o los sintetizadores altamente perceptibles de una atmósfera new-wave que ha brindado la admiración de Bernard Sumner sobre Brandon Flowers y viceversa, se ha logrado construir este disco que refuerza de una manera bastante sabia el sonido natural de los verdaderos The Killers.

Este álbum cuenta con la sorpresa participación de Weyes Blood en la canción My God, que por medio de metáforas bíblicas, abraza su experiencia religiosa que ha tenido como mormón en su vida y la cual, por supuesto, ha logrado que Flowers haya adquirido una madurez altamente perceptible a lo largo del álbum pero esto es sólo una parte de la realidad material alrededor del frontman. Dios hizo de Brandon Flowers un cantante que cuida de todos los aspectos de su vida brindando canciones llenas del polvo del desierto con unos toques de amor dramático vaquero a jóvenes soñadores.

Dieciséis años fueron necesarios para que The Killers añorara construir un álbum con los recuerdos perennes  que contuviera la cantidad justa de éxitos que nunca un disco de la banda había tenido antes: My Own Soul’s Warning, Blowback, Drying Breed, Caution, My God. Con un trabajo bastante próspero sobre tierra fértil y una rebelde alma adolescente con causa, The Killers se sigue escuchando como les escuchábamos en el 2000 y seguramente, ninguna banda sonará como ellos después de los años porque sólo ellos saben cómo viajar en el tiempo -ni siquiera lo más grandes escritores de ciencia ficción lo han logrado- para llegar a los espacios que describe el viejo refrán: «Volver a los lugares donde se amó la vida».

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