Las películas que solidificaron la reputación de Wim Wenders

Por: Katherine Gerena

El guionista, productor y director de cine alemán, Wim Wenders, está de aniversario onomástico en estos días. Su reputación como referencia dentro del cine europeo contemporáneo es muy importante de venir a rescatar ante su notable decaída creativa que le ha acontecido los últimos años.

Wenders nació en Düsseldorf, Alemania el 14 de agosto de 1945. A pocos años de su vida, descubrió su profundo amor por el cine al ser un entusiasta asistente de la filmoteca y de sus ofertas nuevas con respecto a la producción del séptimo arte. Desde ahí, tomó la cámara Súper 8 de sus padres y empezó a grabar los negros humos que desprendía de las chimeneas de las casas de su barrio en la infancia.

Con el efecto de la americanización que se presentó en Alemania durante la posguerra, la vida dentro del país había cambiado y notablemente, se veía la influencia de la cultura estadounidense dentro del país europeo; Wenders toma estos ejemplos para explorar en muchas de sus películas posteriores y así, analizar el contexto socio-cultural del país. Su película El amigo americano fue la razón de su reputación internacional.

A partir de 1977 y con el traslado a los Estados Unidos para vivir, su carrera filmográfica empezó a ganar mucho más territorio y reconocimiento dentro de los críticos del séptimo arte. He escogido al menos unos tres títulos dentro de sus películas que por sus actuaciones, música, dirección y arte, lograron que Wenders se consolidara como el director que ahora le conocemos.

Alice in den Städten (Alicia en las ciudades, 1974)

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Filmada en 16 mm, imágenes monocromáticas, ambientada con la música de Can y con profundas aspiraciones del clásico Alicia en el país de las maravillas y esa colonización cultural, este cuatro largometraje dentro de la vida de Wenders obligó a todos los espectadores a prestarle más atención por la linealidad y condensación de sus trabajos anteriores. Ésta sería la primera entrega de una trilogía que completó con las películas Falsche Bewegung (1975) y Im Lauf der Zeit (1976).

Hammet (El hombre de Chinatown, 1984)

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Hasta el mismísimo Jean-Luc Godard, ponente del cine francés y del movimiento nouvelle vague, llegó a declarar en vida que esta era su película favorita alemán. El eco de Wenders había llegado hasta los oídos de Francis Ford Coppola en Estados Unidos y luego de éxito con The Godfather en 1972, le propuso trabajar en Hollywood. Wenders  hizo más e cuarenta versión del guión, rodó dos veces la película y echó hasta las más retozadas maldiciones a toda la maquinaria empleada para la producción -esto también lo mantuvo en un punto de tirar la toalla y echar a perder su oportunidad-. Sin embargo, logró sacar adelante el proyecto y por supuesto, aprendió a lidiar con las nuevas tecnologías que se acercaban y cambiaban continuamente.

Paris, Texas (Paris, Texas, 1984)

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Todos recordamos con profundo amor a Harry Dean Stanton por sus apariciones en la pantalla grande como pequeña. Wenders desarrolla en este filme su visión sobre el país estadounidense con la ayuda del escritor Sam Shepard, el músico Ry Cooder y los actores Dean Stanton y Nastassia Kinski, quienes lograron la Palma de Oro en el Festival de Cannes de Francia. Algunos analistas en cine tienden a comparar esta obra con la película The Searchers de John Ford en el año 1956 y mencionan que Wenders, por medio del uso de los espacio abiertos, quiso plasmar en este su propia recepción western. Este film, sin duda, marcó un antes y un después en la vida de Wenders.

Otras recomendaciones que toda persona debería ver: Der Stand der Dinge (1982), Der Amerikanische Freund (1977), Der Himmel über Berlin (1987) y Buena Vista Social Club (1999).

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