Phoebe Bridgers | Punisher

Por: Katherine Gerena 

Cuando navegaba entre las publicaciones de Facebook, me encontré de frente con un comentario de una persona que decía, más o menos, algo así: «Sólo sé que acabo de escuchar el nuevo álbum de Phoebe Bridgers y me quiero morir». Me tomó por sorpresa por dos cosas: no sabía si tenía que repasar nuevamente el disco para tomar el hilo del mismo o si resumía bastante bien mi sentimiento sobre este nuevo álbum.

Phoebe Bridgers, cantante oriunda de Los Ángeles, California y con este nuevo disco que bautizó como Punisher -casi como una metáfora bastante condensada en un sentimiento auto lascivo, masoquista-, ha comprobado a su público que sabe construir perfectamente las canciones para aquellas situaciones en las cuales el aire nos falta y el mismo idioma es bastante complejo de entender. A pesar de que este sea sólo su segundo álbum y tal vez, un mejor resultado de lo que ella está buscando o quiere personalmente lograr, nos ha dejado un legado bastante autobiográfico en sus canciones: este mismo efecto estuvo presente en Motion Sickness, su primer disco debut como solista que conocimos.

Cada canción construida parte de una lectura bastante consciente y honesta de ella misma, tal vez el sentimiento de ‘querer morirse’ es más que constate en cualquier oyente de Punisher -e incluso de Motion Sickness– porque se siente como en un momento tranquilo pero bastante confesional, como aquella persona que comenta sus más descabellados sentimientos que a veces nos resulta tan difíciles de hacer. Esta disección que va hacia adentro es lo característico dentro de Phoebe Bridgers y su último álbum que se siente como un rito bastante claro, como una introspección de la alma de la cantante. Cada una de esta canción se siente como un color vivo, como una historia individual que se unen en un fondo bastante armónico.

Garden Song fue el primer sencillo de Punisher y recorre una maravillosa sensación de infinitas emociones con las letras narrando fantasías y realidades, sueños y pesadillas,  que a la vez se acompaña de un riff bastante tranquilo de guitarra reiterativo que funde todo lo demás presente y por momentos, en el coro, se escucha muy suave un tono masculino de voz que resalta la característica voz de Bridgers. El álbum inicia con una canción instrumental bastante oscura como mítica llamada DVD Menu y es el perfecto detalle que despierta el interés de lo que se aproxima en el álbum a medida de que se avanza. Garden Song es una canción cuidadosamente seleccionada para ser la primera que abre la generalidad del disco.

Kyoto parece ser la canción más optimista dentro del álbum en general, sin embargo y por más que pensemos que los ritmos como sonidos lo demuestren de tal manera, no hay porqué dejarnos engañar: todas aquellas albergan sus pensamientos más sombríos. Toda esta melancolía sumergida parece desarrollarse y abrirse nuevamente como una herida que se desangra en la canción de Punisher y Halloween: «What if I told you I feel like I know you but we never met?». Uno de los músicos más influyentes dentro de la auténtica y única composición que Bridgers desarrolla en Punisher es Elliott Smith y su desborde de sentimientos que ella elabora sobre él se ven reflejados en la canción Punisher.

Si hay algo cierto dentro de este nuevo álbum, es la comunidad que ella va desarrollando conforme avanza el disco y la cantidad de emociones que logra ejemplificar como emanar sobre las personas quienes le escuchan. Chinese Satellite contiene las letras más precisas y contundentes que la suave voz de Bridgers logra, que con una serie de percusiones y violines desgarran completamente la vida de cualquier persona: «I want to belive / Instead of look at the sky and I feel nothing / You know I hate to be alone / I want to be wrong.»

Punisher finaliza con la canción I Know The End, que al principio parece un puente de comunicación directa con la canción Moon Song. I Know The End inicia con un par de tonos musicales que son muy reiterativos en las demás canciones y a lo largo del álbum, la peculiaridad de esta canción empieza al final puesto que nos encontramos sorprendentemente con un ambiente producto de un cúmulo de sonidos de baterías, trompetas y algunos gritos desgarrados que se escuchan muy al fondo anunciado en fin de la misma, tal y cual como Bridgers canta acerca de un tornado en esta canción. Incluso en varias ocasiones y antes de dar por finalizada la canción, se escucha un sonido bastante parecido al que uno presenta luego de quedarse sin voz.

Son múltiples las cosas que hacen de este disco bastante atractivo: desde las percusiones, los suaves riffs de guitarra y hasta la dulce voz de Bridgers; los instrumentos que intervienen por momentos determinados y de los cuales nunca más volvemos a escuchar en la canción como los detalles que brindan los instrumentos musicales como violines y banjos. Si esta es la orientación que Bridgers quiere hacer con su carrera musical, sin duda alguna se emancipa por un camino bastante prometedor e interesante de seguir evaluando en sus próximos lanzamientos; y si ella no sabe realmente por cuál camino es el que quiere ir, va caminando sobre el mismo.

También te puede interesar.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: