Overthinking | Los conciertos drive-in nunca serán la solución

Por: Jesús Velázquez 

La pandemia nos ha quitado una de las actividades más regenerativas: los conciertos. Los hemos extrañado como nunca. Nos cuesta verlo así, pero hay que aceptar que el resto de este 2020 no habrá ninguno de estos, al menos como los conocíamos. Incluso en 2021, el asunto no mejoraría del todo. Es crítico: cientos de empleos se van ahí. Durante las semanas, han surgido dos grandes respuestas a las presentaciones en vivo. Por una, las transmisiones exclusivas, por otra, los drive-in o conciertos en automóviles.

Pero ninguno de los dos funciona socialmente, pero ahora me centraré en el segundo punto por ahora.

A pesar de que esta propuesta no ha alcanzado tantos espacios, en la Ciudad de México ya se tienta, hay varios puntos preocupantes que parecen inexistentes para las empresas, sean pequeñas o grandes. La modalidad drive-in obvia un perfil de asistente necesario. No solo se trata de tener un automóvil, y claro, se entiende que en una unidad caben cinco personas como máximo, sino hay conexiones que parecen ser diluidas a bien de una comunidad específica.

El moverse de un punto A a un punto B significa un gasto importante. No es erróneo pensar que un porcentaje mayúsculo asiste a los venues llegan en transporte público. Me incluyo. La manera en que se atiborra el Metro de la línea café, ya sea para ir al Palacio de los Deportes o al Foro Sol, no puede, ni podrá, pasar desapercibida. Llámese Metro, camión, RTP (referencia de la CDMX), pero también es Uber, es «mi papá nos puede regresar» y más caras que no vemos.

Establecer un perfil base de asistente, es ignorar a otros y otras. Asistir a un concierto, independiente del precio, locación y más, es un privilegio. Jamás me cansaré de recordarlo. Por más melómano que seas, de ninguna manera un boleto puede ganarle a comer un día. Es privilegio, sí, pero no por ello se debe fortalecer las distinciones. Esto va por gente que no «tiene» con quien compartir su música en vivo, por aquellos que viven los conciertos como una verdadera fiesta (hablo del alcohol y el baile), por todos y todas ellas quienes parecen ser insignificantes para las grandes empresas.

Esta medida es estacional, provisional. Un día desaparecerá y olvidaremos los streamings exclusivos y los drive-in, pero que queden ahí, como un intento que descalifica y aleja cada vez más a la gente. Me duele más que nada, pero, para concluir, prefiero abiertamente dejar los conciertos todo este año y parte del próximo, a bien de poder estar todxs.

*Canción para nada relacionada.

 

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