Overthinking | The Raconteurs me revivieron el gusto por el rock

Por: Jesús Velázquez

Para adeptos o no, el hip-hop está conquistando más lugares que cualquier otro género. A penas la semana pasada me deje llevar por Alfredo de Freddie Gibbs The Alchemist; estos días, Run The Jewels tiene mi atención. Crecí forjándome con el rock y géneros similares, pero cuando empecé a tomarme la música en serio fui nutriéndome de más géneros y expresiones artísticas. Aunque siempre  ha estado ahí, el rock se tornó un poltergeist con el que aprendí a vivir. Una madrugada, un hilo mental me orilló a escuchar la sesión de The Raconteurs en el Electric Lady. El resultado: me hizo sentir como niño.

No es música nueva, no hay novedades en lo que presentan. Sin embargo, The Raconteurs me pareció como papel celofán tan transparente, pero colorido. Entre la libertad (sea falsa o genuina) y yo mismo. La guitarra, de manera etérea, hizo cruzar su mano a través de mi pecho y aplastó mi corazón entre sus dedos. La batería, mi sueño frustrado, calentó un encendedor donde mi cerebro volvió a líquido. Sí, son metáforas, exteriormente tan solo era yo, acostado en mi cama rígido como tras cruzar un orgasmo.

Pensé: «Jack White es el verdadero salvador del rock». Tenemos héroes de barro, no diré nombres, pero hay cierta banda a la que le damos todo ese mérito. Sí, regresaron a la cúpula comercial el género, pero nada que ver con el trabajo interminable y a la vez desafiante del genio White. Él es el hombre de las mil caras, pero, como parte de su propio organismo, está su guitarra siempre. Durante años, lo vi con un tal misticismo,  me era incapaz creer que el creador de Lazaretto era el mismo de The White Stripes.

Nunca fui fan de The Raconteurs y probablemente nunca lo seré (al menos de manera más pura), pero sí puedo exteriorizar el mar de emociones que me hizo sentir su última producción. Son nueve canciones, menos de una hora. Podría ser ridículo, sí, pero la música no trata de duración, ni de formatos. Debería ir más orientada hacia nuestra relación con ella misma, como el hombre-máquina.

Live at Electric Lady de The Raconteurs no estará en ningún listado de mejores discos del año. Ni Pitchfork, ni Consequence of Sound lo considerarán, no. Es más, pongo a mi apuesta a que ni siquiera los medios que solamente se concentran en este género lo tendrán en mente, pero eso no importa. Este es uno de los discos que más me han gustado este año.

Así me revivió el gusto por el rock.

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