Overthinking | The Smiths y la (sobre)exposición mediática

Por: Jesús Velázquez

Los soundtracks marcan la diferencia y hacen historia. Es tanto el impacto que inevitablemente las bandas resienten el golpe, como Metric, un tanto obligados a tocar Black Sheep tras Scott Pilgrim vs The World. Hay un mar de ejemplos, pero sí debo resaltar un caso sobre la fama que les otorgó el ser parte de una banda sonora es The Smiths

En 2009 fue lanzada la obra magna de Marc Webb: 500 Days of Summer. Hay que reconocerlo, es una historia que sale de los marcos de película amorosa cliché: acrónica, dramática y más. Inevitablemente ligamos a The Smiths con esta cinta, ya que figuran como parte del guion y el soundrack. There Is A Light That Never Goes Out Please Please Let Me Get What I Want fueron las seleccionadas y se sobreponen a los tracks de Wolfmother, The Temper Trap e incluso a los clásicos Hall & Oates

Tres años después, y adaptado por el propio autor del libro, se repite la fórmula, con la misma o mayor fortaleza. La historia de Charlie en The Perks of Being a Wallflower introdujo a los grandes públicos la canción más inusual de la banda, Asleep. Un lustro después, se lanzaría insípida biopic de Morrissey, aprovechando la fama que ya corría y suponiendo que todos eran fans a medias de su música.

No estoy en contra de la utilización de música en las películas. Es un momento de exposición increíble y no negaré que he conocido a bandas por esta vena. El problema es la superficialidad que se construye a partir de esto. The Smiths están en el imaginario colectivo (al menos del actual) como una banda que escribe canciones románticas o que llaman a la muerte. No hay más. No se distingue a una banda que en tan solo 5 años se comieron a Inglaterra.

There Is A Light That Never Goes Out está lejos de poder representar una carrera tan corta y magnífica como la de The Smiths. Probablemente, dentro del top de más escuchadas, This Charming Man podría ejecutar una mejor representación sobre la banda, pero tampoco es la esencia pura. Morrissey era un compositor casi innato, un adicto a la literatura, incluso en la portada de Asleep lo hace ver al estar rodeado de libros de Oscar Wilde.

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Patrick Steven era rebuscado y exploraba los múltiples significados para una misma oración. Por su parte, Johnny Marr tenía una técnica original para tocar la guitarra; Andy Rourke es, probablemente, uno de los mejores bajistas de la música inglesa, pero queda atrás de los dos frontman que tenía el grupo. The Smiths corrió contra el propio flujo de su época: uno de sus contemporáneos más recordados es New Order, estos últimos tirados al sonido electrónico. Sí, esas dos bandas eran lo más escuchado en los 80’s. ¿Esto no es más importante y atractivo que formar parte de soundtracks?

Detesto la visión purista  de cualquier género/banda, pero a la vez me enfado en la reducción de las mismas por víctimas de las ventas de las grandes corporativas (sí, te hablo a ti,  Warner). The Smiths es más que fotos viejas coloreadas, películas dramáticas de los 2000s y el sex symbol que fue Morrissey. Es más, este texto debería ser una invitación a arrancar la imagen que la disquera ha formado (mutilado) sobre la banda.

No son deidades, pero son más que Ask, There Is A Light That Never Goes Out, This Charming Man, Still Ill y ¡por favor! muchísimo más que Asleep.

Entonces, ¿qué tan genuino es tu gusto por The Smiths o tan solo eres fan de aquellas películas que musicalizaron?

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