Agnès Varda: el simbolismo del cine feminista y la nueva ola

Por: Katherine Gerena

Se cumple el primer año luctuoso de Agnés Varda, quien en un día como hoy había fallecido en Francia a causa de un cáncer. Directora de cine francés realista y social, sigue siendo considerada entre los críticos de cine como la mujer ponente de la Nouvelle vague; y por supuesto, pionera del cine feminista y hecho por mujeres. La recordamos en este día con una reseña histórica de lo que fue su trabajo.

En la década de los 50’s nacía en Francia un nuevo movimiento artístico conocido como la Nueva Ola (Nouvelle vague), donde su fuente de inspiración no sólo tenía relación con la máxima libertad de expresión, sino también tenía una libertad técnica en la producción. A este movimiento pertenecieron grandes cineastas como François Truffaut y Jean-Luc Godard; y se sumaba también la indispensable cineasta belga Agnès Varda.

La Nueva Ola fue crucial para el desarrollo e innovación del séptimo arte que se conocía en el momento a nivel mundial, Varda fue incesante en este aporte artístico que no sólo tuvo tuvo relación con el movimiento, sino también fue pionera en el cine feminista. Es decir que a mediados del siglo pasado, el mundo vio crecer la carrera filmográfica de una de las mujeres más importantes del cine mundial y del movimiento feminista que ha sido de vital importancia para su expansión.

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En más de 6 décadas de carrera cinematográfica, al artista belga hizo unos 40 cortometrajes, algunas películas de ficción y documentales destacados por la experimentación del ensayo literario como forma de expresión. El indispensable trabajo de Varda es tan crucial que en 2017, la Academia de Hollywood reconoció su obra con un Óscar honorífico por su trayectoria en el séptimo arte. La Academia Italiana y la Acamedia Española también la galardonaron en el Festival de Cine de Venecia con un León de Oro y en el Festival de Cine de San Sebastián con un premio Donostia, respectivamente.

Cleo de 5 a 7 de 1961 se destaca como la obra prima de la cineasta y cumbre de la Nouvelle vague donde se habla sobre el amor y la muerte cuando una paciente de cáncer conoce a un soldado a punto de partir hacia la guerra. Una canta, la otra no de 1977 marcó un hito por su contenido abiertamente a favor del aborto cuando el mundo no estaba preparado para esta discusión aún. Sin techo ni ley de 1985 se llevó el premio del León de Oro en el Festival de Venecia, en este filme se recrean los dolorosos momentos de una adolescente vagabunda que es encontrada muerta: una reflexión aguda acerca de la condición social femenina reprimida socialmente.

El manifiesto feminista firmado por Varda es claro, la cineasta se adelantó en su tiempo al punto de convertirse en una de las principales promotoras del feminismo: su cortometraje Nuestro cuerpo, nuestro sexo es una apología infranqueable al contenido filosófico, político y organizativo de la cineasta.

Posteriormente, este cortometraje de siete minutos se convirtió en un manifiesto feminista mundial y sigue siendo objeto de estudio en las teorías feministas: Varda hace una poderosa crítica a la cosificación del cuerpo femenino, a los roles alrededor del sexo-género, la maternidad o el placer, y a las violencias a las que se somete a las mujeres por el solo hecho de serlo; diferentes mujeres de todas las edades que intentan responder a la pregunta: «¿Qué es ser mujer?».

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