Sin fronteras, ni naciones

Por: Katherine Gerena 

«Y abiertamente consagré mi corazón a la tierra grave y doliente, y con frecuencia, en la noche sagrada, le prometí que la amaría fielmente hasta la muerte, sin temor, con su pesada carga de fatilidad, y que no despreciaría ninguno de sus enigmas. Así me ligué a ella con un lazo mortal.»

Hölderlin: La Muerte de Empédocies.


En la historia universal que nos enseñan en el colegio, hemos sido testigos de las diferentes olas fascistas que han invadido diferentes partes del mundo: la Alemania nazi, Mussolini en Italia, el zar Nicolás II de Rusia, Augusto Pinochet en Chile, el Proceso de Reorganización Nacional en Argentina, el muro de Berlín. Represalias, persecución sistemática, asesinatos selectivos, censura política, condenas de muerte, exilio, retenciones arbitrarias, violaciones de derechos humanos, son sólo algunas de las cosas que muchas personas tuvieron que sufrir a costa de la militancia antifascista o de izquierda por «terrorismo y conspiración ilegal estatal». 

América Latina no es indiferente a este fenómeno autoritarista que cada vez gana más posición, y aunque nos parece que son épocas, hechos que simplemente quedaron explayadas en los textos de historia, basta simplemente con observar el poder político presidencial que han logrado miles de políticos en sus países como el claro ejemplo de Jair Bolsonaro en Brasil. El tema del fascismo al sur del continente de América nace y se remonta en los años treinta con diferentes movimientos políticos de tal calibre en Argentina, Bolivia, Chile, México y Brasil.

Miles de personas en la actualidad siguen siendo víctimas por todos los golpistas militares y sin ninguna reparación por parte del Estado, como sucede con las madres de la Plaza de Mayo en Argentina. Todavía se sigue investigando los millones de desaparecidos y muertos alrededor de la historia por todas estas políticas autoritarias, y los posibles culpables tras de estas. El fascismo en latinoamerica no sólo ha cambiado la historia sino que también resinificó la música como arma de expresión ante la represión.

Cuarenta y siete años después seguimos llorando la cruel y lenta muerte del canta autor Víctor Jara, quien fue asesinado, golpeado y torturado cinco días después por los golpistas chilenos. Inti-Illimani, un grupo musical andino chileno logró escapar en 1973 por el golpe militar en el país. Mercedes Sosa, cantante de música folclórica de Argentina, tuvo que exiliarse en Europa debido a la censura continúa de sus álbumes y si simpatía peronista. Y varios políticos de izquierda como Isabel Allende, quienes fueron vilmente fusilados frente al pelotón.

Las fronteras son aquellas líneas invisibles que se han creado a nivel nacional e internacional delimitando tierras, personas, costumbres, regiones, políticas; estos mismos límites nos han hecho creer hasta el punto de cuestionar quiénes son bienvenidos y quiénes no en nuestros territorios, quiénes somos dueños y quiénes no, quiénes somos los profetas y quienes no; todo a causa del nacionalismo impartido por parte de nuestros gobernadores como la militarización fanática dentro de nuestras regiones las cuales han creado un conflicto interno que ha trascendido años sin saber quiénes son realmente nuestros enemigos.

Últimamente, con lo que hemos vivido mundialmente en relación al tema de la pandemia, somos testigos de esta dinámica fascista con connotaciones clasistas y xenofóbicas: creamos un odio al extranjero -especialmente, el procedente de China- porque pensamos que nos va contagiar, hemos atribuido comentarios discriminatorios a las personas no «nacionales» nuestros países; personalmente yo, hasta he sido deponente de acciones físicas y violentas que han perpetrado algunas personas dentro de mi país hacia las otras simplemente por tener rasgos diferentes e incluso, presenciar los síntomas referentes a la enfermedad.

Nos hemos esforzado como desgastado tanto buscando quiénes son los culpables, quiénes son los menos parecidos, quiénes son nuestros adversarios, quiénes son los que piensan diferente, quiénes pueden «traer más precariedad». Hemos luchado tanto los unos contra los otros porque el sistema gobernante nos lo ha hecho creer que así debe ser. Tenemos la potestad de decidir quiénes son los que merecen ser castigados y quiénes no; no nos podemos imaginar un sistema sin gobernantes, sin cárceles, sin trabajos forzados y donde quepan todas las personas. Soñamos con un mundo donde nuestra única identificación sean nuestros nombres y nuestros únicos los límites, inexistentes.

Nos declaramos desobedientes del sistema que nos rige y hermanos de los oprimidos. Nos reconocemos sin necesidad de ver nuestros rostros y bajo una misma sangre que oxigena rabia, coraje y alegría. Somos los olvidados, la constancia, la resistencia, los perseguidos, los silenciados, los privados, los asesinados, los muertos, los explotados, los encarcelados, los rebeldes, los nadie. Vamos transitando sin permiso, sin identidad, sin nacionalidad, sin perdón, sin fronteras. Nos proclamamos enemigos del sistema neo liberal capitalista, genocida, patriarcal, xenofóbico, discriminatorio, clasista, colonialista, especista y machista.

Somos los que nos seguimos cuestionando el violento y nefasto mecanismo de control social, somos los imprescindibles de agotar todas nuestras fuerzas para la liberación de los presos políticos arbitrariamente detenidos. Somos quienes seguimos cantando con la voz que resiste a ser silenciada, acribillada, desaparecida; porque como Mercedes Sosa cantaba que tantas veces fueron las que nos mataron, tantas veces en las que morimos y sin embargo estamos aquí resucitando; damos gracias a la desgracia y a la mano con puñal que nos mató tan mal para seguir cantando.

Hemos creado una playlist para seguir cantando durante esta ola fascista que cada vez apremia con todas esas canciones que alguna vez sonaron contra el sistema y por la resistencia.

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