Electric is the love: a una década del ‘Plastic Beach’ de Gorillaz

Por: Jesús Velázquez

Gorillaz había tocado el cielo en 2005 tras el lanzamiento de Demon Days. Tras una gira mundial y una serie de trabajos promocionales, la banda virtual decidió tomarse un break. En este descanso, Damon Albarn se reuniría con Blur y curaría más proyectos. Un lustro después, Gorillaz volvería con un álbum totalmente revolucionario, al menos para la historia de la banda: Plastic Beach, estrenado hace 10 años en Japón.

Decir que Albarn es uno de los músicos más prestigiados de nuestra era no es cosa menor: con una riqueza cultural imparable y un hambre de aprendizaje desbordante, no había mucho que restregarle. Sin embargo, la mezcla de sonidos de Gorillaz se mantenía a grandes rasgos entre el rock y hip-hop, con variantes interesantes, pero no desbordantes. La vertiente electrónica fue adoptada por Damon Albarn y compañía a la entrada de la década: el resultado fue ejecutado con maestría. Un sonido algo contrario al concepto del disco: la playa de plástico como una forma de crítica a la modernidad.

Plastic Beach retrata una reflexión general sobre la basura, la acumulación y la rapidez de la sociedad de consumo. A su vez que presenta el amor y las caídas del mismo con distintas texturas. Muestra la fragilidad y melancolía del humano, elementos que aún no pueden ser igualados con plástico. A pesar del mensaje escondido entre líneas, Plastic Beach no es un álbum moralista, ni siquiera con la  repetición busca la acreditación de su discurso. No, es más sutil, tan solo habrá que ver el arte del disco para captarlo todo.

En cuanto a la musicalización parece un salto al vacío, aunque si en tu bando está Damon Albarn la frase se invalida. El sonido rockero y hip-hopero que Gorillaz había cimentado durante dos discos y recopilatorios quedaría sustituido por el poder del sintetizador, las baterías electrónicas y un sinfín de arreglos de la época digital. El sentido orgánico de los instrumentos aparece de manera más esporádica. El mensaje era claro: «lo electrónico» nos alcanzó.

Este cuarto álbum, Plastic Beach, fue un revés del cual Gorillaz nunca regresó. Los instrumentos electrónicos, algunos sin alma, se apoderaron de Albarn. Para un sonido tan explotado, la banda virtual lo hace ver fresco y desigual. Humanz, The Now Now, ni Song Machine hubieran existido sin la rebeldía electrónica de Plastic Beach. De aquella isla y mar lleno de plástico jamás pudieron salir.

 

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