The Slow Rush | Reseña

Por: Jesús Velázquez

¿Qué tanto puede cambiar una vida tras un lustro? La respuesta es mucho. Kevin Parker, tras haber lanzado Currents, el gran éxito comercial de Tame Impala, decidió tomarse un tiempo fuera. Ésto último entre comillas, ya que durante ese tiempo fungió como productor. No fue hasta Patience que revivió a su alma máter. Ahora, en un Día de San Valentín nos presenta The Slow Rush.

Desde los primeros momentos del disco se da un vistazo a lo que significará el disco. The Slow Rush inicia con One More Year, un opening por más representativo: con un coro distorsionado recordando el nombre del track, Tame Impala recuerda que esta es una nueva época. Este cuarto álbum figura como el último clavo para sepultar el viejo estilo de Tame Impala, y esto no es malo.

Sin miedo a la recepción que tenga en el público, The Slow Rush se maneja en una línea más popera y ciertamente más alejada de la desenfrenada psicodelia de sus inicios. Con ritmos más tranquilos, exceptuando canciones como It Might be time, Kevin Parker opta por un sonido más relajado para hacerle compañía a un par de letras más introspectivas. En este caso, la decisión no es doblar la apuesta por Currents.

Esta maqueta deja de lado a la guitarra como voz principal y acoge al sintetizador y teclados como vertebra central. Misma situación que la guitarra, la batería aparece más esporádicamente como elemento desestabilizador. El sintetizador, entonces, toma el control de mando. Aunque esta premisa ya se visualizaba en Currents la ejecución se distancia en este nuevo álbum.

La música es trabajada sin tantos despuntes: un elemento necesario para la narrativa del disco. En general, se puede englobar como la reflexión acerca del paso del tiempo. En comparación al pasado trabajo, ya no es más Let it happen, sino se presenta como la decisión de afrontarlo. La expresión más vasta de la madurez de Parker para contar una historia es Posthumous Forgiveness: de un notable rencor hacia la relación con su padre hasta el añorar pasar aunque sea un último momento con él.

El aprendizaje musical de Kevin Parker nos hace recordar, por momentos, a lo que el dúo dinámico francés Daft Punk nos daba. Esto sin hacer de lado al atrevimiento de incorporar lo acústico a sus piezas, el claro ejemplo es Tomorrow’s Dust. El mismo desafío por incorporar más influencias al disco hace que canciones como It Might Be Time o Instant Destiny no terminen por cuajar en la temática de The Slow Rush.

Si bien no es un salto al vacío, Tame Impala le apuesta a un sonido más pop mezclado con su sello psicódelico y suena distinto a sus últimas producciones. Asimismo, le dan la espalda a jugársela por un hit como Let It Happen o The Less I Know The Better a pesar de tener canciones pegajosas como Is It True o Lost In Yesterday. Es un álbum sincero y abre la puerta a sumergirse a una nueva etapa de Kevin Parker. Una donde la vieja psicodelia da un paso atrás.

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