Netflix and Chill | Dear BoJack Horseman

Por: Jesús Velázquez

Durante seis años, Netflix se rindió ante las desaventuras de un caballo con sobrepeso, adicto, cínico y sumamente egocéntrico: BoJack Horseman. Este 2020, se despide con una última temporada, dividida en dos para poder atormentarnos más, pero de ello no hablaremos. Ni de su cancelación por parte de la casa productora, la cual tuvo la decencia de darle un último presupuesto. Lo que nos reúne acá, es algo más: una pregunta. ¿Qué hemos aprendido en estos seis años de la mano de Horseman?

Es imprescindible pensar que también la TV nos forma como individuos. A una generación le tocó crecer de la mano de Horseman, tal como es mi caso: pasé de ser un adolescente a un adulto, lo que sea que signifique eso. A pesar de que la gente lo calificará como una simple caricatura, no siento extraviado ninguno de esos años, pero ¿qué aprendí realmente?

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No fue el gusto por la juerga, los tragos y otro tipo de estupefacientes. Tampoco el victimizarse a pesar de que la culpa no es más que la propia. No existía la lejanía por el lugar, aunque el contexto muy similar a la vida real, donde una ciudad, en este caso Los Ángeles, parece tener vida propia y comerse a sus habitantes. 

En una primera instancia parece redención es la enseñanza más significativa de BoJack Horseman: como aquella ocasión de su ingreso a rehabilitación en la quinta temporada, mientras Under the Pressure de The War On Drugs sonaba. Múltiples ocasiones, al caballo más famoso de los 90’s no le quedó más que aceptar su culpabilidad. Aunque las palabras se quedarán en simples emisiones de sonidos.

Entonces, la redención tampoco fue la moraleja. 

En un segundo punto, BoJack Horseman, en sus seis temporadas, estuvo rodeado de personas que velaron por él: Todd, Princess Carolyn, Diane, incluso Mister Peanutbutter, todos estuvieron ahí. Sus planes personales, y recibir los daños colaterales de Horseman, los terminaron mermar del actor. Así que no, las relaciones interpersonales, la familia que cada quien elije (la amistad) no fue lo que me enseñó la serie: a pesar de poder ser la respuesta cuando tan solo nos tirábamos al abismo.

A título personal, me llevó la magnitud de los errores. Al igual que los aciertos, estos nos forjan la personalidad y nuestra cosmovisión. Algunos son pequeños, otros son irremediables, como los tuvo BoJack Horseman. Convivir con los desaciertos te da dos salidas: 1) te mermas, te escudas en cualquier falso piso, como las drogas o el alcohol, culpando al universo de tu miseria; 2) Los aceptas, los abrazas y afrontas las acciones en las que realmente tuviste que ver.

¿Qué aprendiste de BoJack Horseman en estos seis años? Tal vez mucho, tal vez absolutamente nada, pero, sin duda, extrañaremos tener novedades.

¡Gracias, Raphael Bob-Waksvberg!

 

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