Centenario: Federico Fellini

Por: Katherine Gerena

El 20 de Enero del 1920, nacía dentro del núcleo de una familia de clase media: Federico Fellini. Años más adelante, se convertiría en un icono indispensable dentro de la industria del cine en Italia en la posguerra. El 2020 representa su primer centenario y en esta columna recordamos sus más retorcidas creaciones.

Fellini tenía una profunda fascinación por el trabajo artístico que Bergman había elaborado y alcanzado; tan grande era su admiración, que elaboraron un guion juntos y con la colaboración de Kurosawa, el cual mantuvo desconocido hasta para los mayores seguidores del sueco.

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«(…) Como un trovador medieval, puede sentarse en el centro de un cuarto y mantener a la audiencia cautiva contándoles historias, cantando, tocando la guitarra, leyendo poesía y haciendo trucos de mano. Tiene la capacidad seductora de capturar tu atención. Incluso si no estás de acuerdo con lo que dice, disfrutas la manera en la que lo dice, su manera de ver el mundo con tanta intensidad. Es uno de los creadores cinematográficos más completos que yo he visto.»

Su prestigio y conquista internacional la ganó con su un obra I vitelloni de 1953 al conquistar el Festival Internacional de Cine de Venecia (Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica della Biennale di Venezia), las escenas convirtieron al director como único e irrepetible, extravagantes y grotesco: aquellas cualidades que únicamente se encasillarían en el adjetivo de su apellido: «fellinesco».

Fellini creó como unió miles de mundos: el cielo, el infierno y el circo; producciones como La Strada, La Dolce Vita, 8 ½, Casanova, Amarcord y Y la Nave va son los claros ejemplos de los universos fellinescos como lo sospechoso de sus personajes que generan una falsedad de sentimientos totalmente artificiales y distantes. Lo han creído poeta, reflexivo, mentiroso, falso y maldito; lo cierto es que sus películas fueron adentrándose a la meditación de la vida.

Marcello Mastroianni and Federico Fellini on the set of 8½
«Muchos dicen que soy un mentiroso. Que miento hasta cuando digo la verdad. Pero ellos también mienten. La más grandes mentiras sobre mí las oí en boca de los demás. Podría desmentirlas, pero ya que soy un mentiroso, nadie me creería.»

Fellini también era dibujante y por medio de sus prototipos, hacía ideas de cómo iban a ser sus personajes en las películas. Y a esta fecha, aún nos preguntamos, cómo podría haber sido el proyecto maldito de Fellini que dejó en su story board y el guion inconcluso, algo que él tituló: El viaje de G. Matorna. El cineasta había seguido su intuición desde la primavera del 1965, dos años antes de su ingreso de urgencias.

El viaje de G. Mastorna trata de la muerte. Pensé que mi curiosidad estaba siendo castigada. Que había tocado una puerta que se estaba cerrando sobre mí”, confiesa Fellini a una revista francesa en el ’69. Esta podría haber sido una pieza que nos acercaría mucho más al director, una exploración a lo que él asimilaría como su muerte y lo que fue su vida, un ejercicio muy parecido que había logrado Tarkovsky con El Espejo.

Más de 20 películas logradas como director y más de 30 trabajos hechos como guionista, han sido los suficientes para regalarnos un gran legado en la historia del cine que se sigue viviendo y disfrutando hasta en los últimos años. ¡Larga vida al cine de culto y larga vida al maestro Fellini!

Películas recomendadas: Ocho y medio (1963), Las noches de Cabiria (1957), La Strada (1954), Los Inútiles (1953).

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