Reseña de aniversario | Contra, a una década de evolución musical

Por: Jesús Velázquez

Responder con otro álbum a un debut de ensueño es complicado para cualquier banda: los neoyorquinos no son la excepción. Vampire Weekend vivían sus días de gloria tras lanzar su homónimo, mismo que retumbaba con himnos como A-Punk u Oxford Comma. Se tomaron dos años para poder germinar sus ideas y, principalmente, desempolvarse de la antigua maldición del primer y único disco valioso. Así nació Contra.

Contra está lejos de sonar a la primera producción de Vampire Weekend, pero tampoco significó un «volantazo» para su naciente carrera. Mantienen ciertos rasgos y hasta vicios que suenan hasta el Father of the Bride, su más actual disco. Las melodías corren por un carril ajeno a la lírica: por un lado tienes la banda en una ritmica pop, mientras las letras garabatean figuras retóricas complejas.

Las guitarras pasan a segundo plano, exceptuando ciertos tracks como Cousins donde la vena sí es este instrumento. Los sintetizadores de Rostam Batmanglij tienen mayor fuerza al aportar los arreglos más pensados del disco. Asimismo, la banda adopta dos mundos íntegramente ajenos entre sí: los arreglos orquestales y, por otra parte, las baterías electrónicas, más cercanas a las estructuras pop. La novedad no desplaza a lo aprendido por Vampire Weekend: los bombos y la herencia del reggae siguen presentes.

La pluma de Ezra Koenig se desplaza por nuevos lugares y situaciones. Mientras que en el homónimo, las letras son un poco más infantiles y parecen suceder en un contexto universitario, la lírica de Contra es más allegada a lo que significaría su futuro: repletas de referencias y con un eterno tributo a Nueva York o a la religiosidad de Koenig.

Contra parece ser un claroscuro en la carrera de Vampire Weekend; de la luz de su debut a la oscuridad del Modern Vampires of the City. El segundo álbum de Vampire Weekend fue el paso necesario que dar. De no haberlo dado correctamente, como lo hicieron, hubiesen terminando por ser el chiste de sí mismos. Contra fue aquello por lo que empezamos a tomar enserio a Vampire Weekend.

 

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