Entrevista | Michelle Blades

Por: Daniel Pichardo

El machetazo de Michelle: encontrando la esencia Blades

Panamá es uno de los países centroamericanos que se vio afectado por las intervenciones de Estados Unidos; al igual que la mayor parte de América Latina, en 1989 hubo una invasión militar donde mataron a civiles y soldados con el fin de sacar al dictador militar Manuel Noriega. Un país joven que buscaba estabilidad, pero estas olas generaron caos económico y social e hicieron que se volviera violento y peligroso. Michelle Blades nació en julio del año siguiente, en 1990,  aún con una estabilidad nula en Panamá, que ahora es un país diferente y que ha cambiado mucho con el paso de los años.

Michelle Blades es mexicana por parte de su madre y panameña por parte de su padre. Es música, multinstrumentista y compositora. Este gusto por la música que tiene desde pequeña viene por su familia: los Blades. Familia que, después de vivir estas circunstancias en Panamá, tuvo que mudarse a Miami por el trabajo de su padre, Roberto Blades: músico salsero, miembro del Miami Sound Machine y productor. Responsable de ser el que introdujo a Michelle en el ámbito musical y que es todo lo que persigue hasta hoy.

El proyecto de Michelle es experimental, clavado, ambicioso y apasionado. Tanto ella como su música. “Al tocar me siento poderosa, me siento como apoderada”, dice. Agarrar y deslizar sus manos por la guitarra es la mejor sensación del mundo porque comparte historias y sentimientos que pueden conectar con alguien más y lograr que este se contagie. Sus canciones son historias que le marcan y son mezcladas con ficción o cosas que ha leído. “Cuando amigos llegan y me cuentan algo, es como leer, es información. Es como tener un dibujo que me llega en blanco y negro, y [que] con lápices le pongo color”. Historias humanas de los demás recuperadas para crear algo intenso.

Desde Miami hasta Arizona, Michelle persiguió el sueño: empezó a escribir rolas, grabarlas y tocarlas en vivo con bandas que hacía desde el garage al punk. La única cosa que quería hacer era crecer cada día más. Oh, Nostalgia! y Mariana fueron los primeros trabajos de Michelle grabando y aprendiendo sobre las posibilidades infinitas que había en un estudio de grabación (y donde empezó el amor por el estudio). Una etapa muy inocente, casi como una recién nacida viendo un nuevo mundo, con un nuevo lenguaje que ahora domina y utiliza.

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La mentalidad de la música y creatividad independiente sin limitar a los artistas por dinero la llevaron a Europa, en su primera gira sola, logrando conocer a gente que compartía esta visión fuerte y particular que Michelle tenía. Siete años lleva allá trabajando con su gente y con el sello Midnight Special Records. Zoroaster & Two Devils fue el primero de sus trabajos que grabó en París como obra, como EP. 

“Siento que el EP es como el equivalente a un ensayo de un filósofo, que presenta una idea. Y aunque esté publicada no quiere decir que esta idea ya esté completamente desarrollada, es un ensayo”. Para Michelle el EP es una libertad, una idea que luego otros pueden retomar y que se podría desarrollar más; mientras que los LP’s son una idea concreta, algo que permite mucha libertad de hacer lo que sea en una grabación.

Ataraxia llegó ya con el sello francés y fue el primero de larga duración, entre todos los trabajos de Michelle. Disco en el que quería mostrarse a sí misma. Saltos que van de un género a otro, guitarrazos, las letras. Etapa en la que aprendió más sobre la grabación y sobre tener la motivación de hacer bien las cosas. El disco fue escrito por ella cuando llegó como residente a París, alguien que estaba a punto de integrarse. “Hay una soledad que nadie puede tocar cuando te mudas a un país completamente diferente y, pues, escribí un disco con todo eso: siendo inmigrante por segunda vez en mi vida”, recuerda Michelle.

Después de adaptarse, llegó en 2017 Premature Love Songs, disco en el que Michelle volvió hasta la raíz de sus primeros discos: lo folk y lo acústico. Arreglos más complejos en el mundo de Michelle Blades, quien no tenía ya la necesidad de demostrarse que sí sabía tocar la guitarra. Un disco más enfocado en las letras y en la tranquilidad, acompañado de un cover del argentino Facundo Cabral, “No soy de aquí, ni soy de allá”.

“Quería escribir algo así, pero ese güey lo dijo mejor que yo. Qué bien canta lo que vivo cuando voy a México, Panamá o a Europa; donde vaya hay algo que indica que vengo de otro sitio y yo siempre buscaba pertenecer a un lugar, pero eso no es posible en mi vida”. Cantando esa canción Michelle se dio cuenta que su identidad no es donde esta, es más bien es lo que ella es, es una parte de eso. Su identidad es lo que carga en ella. “Es como lo que escribía Octavio Paz, que el mexicano cuando sale de México se hace aún más mexicano para compensarlo y eso me ayudó mucho. Me muevo mucho y solo tengo que confiar en mi identidad, lo transporto conmigo”.

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La música es como una terapia y las letras también, pueden alumbrar muchas cosas en las esquinas oscuras de la mente. Con ese tipo de letras y acordes pueden ayudar para decir cosas con el lenguaje que cada uno usa.

Visitor es el último integrante en la discografía de Michelle. Un trabajo de dos años de rolitas que decidió juntar y que grabó desde el 2017, justo cuando grababa este material ocurrió el sismo de septiembre en México. Encontró con este disco el amor por producir. Estar en el estudio y producir artistas, sacar discos de ella y ser conocida. Así fue como reafirmó que quiere ser productora. “Quiero ser como el Brian Eno latino: Briana Ena”.

Cada que viene a México se reencuentra con su banda local: los machetes. Con los que tocó por primera vez en una casa tomada en la Roma. La alineación ha ido cambiando y la última está formada por: Emilio Guerrero en la batería, Santiago Mijares en los teclados, Diego Guerrero en la guitarra y Patricio González con el bajo, ella obviamente en la guitarra y voz.

Las interpretaciones de la misma música; pero en diferentes manos, con un diferente estilo y color es lo que lo hace muy curioso, ya que es una banda exclusiva para cuando viene a tocar a México. El sueño de Michelle es sacar algo en el país, desarrollar algo que le permita vivir en México de la música y no buscar otra chamba,  como en un bar. “Me gustaría estar un poco más estable y así vivir tranquilamente. Darme el 100% de desarrollo de mujeres en la música en México, de música en general aquí y de representación”.

El nombre de la banda mexa viene de que Blades es como un cuchillo en inglés y con su nombre quedaba bien la palabra machete. Michelle quería tener una diferencia entre la banda de Europa y la de México, así como Frank Zappa and The Mothers of Invention y Frank Zappa solista. Algo especial, que la gente fuera a ver la interpretación de sus canciones por otras personas. También la idea de ella era echar a andar la palabra en español sobre todo cuando tocó anteriormente en Estados Unidos, por la estigmatización de los mexicanos y todo lo que dice Trump.

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“El machete es algo muy mexicano. La palabra, las quesadillas, cuando fui a la marcha feminista del 25 de noviembre de este año vi la frase “Machete al macho” en varias paredes y automáticamente dije que era mi vida en un texto”.

Blades ha conquistado Europa, Estados Unidos y México; ha grabado en KEXP y tocado en festivales como el Freakout o en Portland. Ha hecho desde conciertos pequeños en foros como el 316°, hasta tocar en el Zócalo de Ciudad de México. Lo que ella busca es el reconocimiento de la gente pero, el más importante de sus países. En especial de México; es el sueño que planea cumplir gracias a todas las oportunidades que se le han presentado.

Lo que genera Michelle en sus conciertos y con sus discos son una violencia y rabia sana. Busca contagiar y que todos se olviden de sus problemas, la chamba o del hambre. Que dediquen la noche o el día a escuchar y tocar rolas sudando, para estar juntos. Esa sensación es la que busca; es como estar en el metro para llegar al mismo destino. Esto es por lo que su disco favorito de su propia discografía es el Premature Love Songs. Se clavó demasiado con la letra intentando transmitir algo y contagiar a las personas, como lo han hecho con ella cientos de músicos, escritores o filósofos. 

Actualmente, Michelle Blades se encuentra produciendo su primer EP completamente hispanohablante, que también es un ensayo; un desarrollo de exprimirse en un lenguaje, en el de Michelle. Porque esta guitarrista con amor hacia los perros, amante del café, de los tamales verdes con atole y de Ciudad de México tiene cosas que decir con su propia letra.

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