Naturaleza humana en la daga en el corazón

Por Susana Silva

“YO MISMA a veces me sorprendo de lo SENSIBLE, que puedo llegar a ser. Vivimos en una época MUY DURA, donde no hay lugar para la sensibilidad.”

Patty Diphusa, Pedro Almodóvar.

Durante los últimos veinte años las nuevas propuestas de cine están optando por una calidad fotográfica bastante hipnotizante: se hace un uso cromático excesivo que da como primera impresión un dulce manjar visual. Directores como Nicolas Winding Refn, Gaspar Noé, recientemente la opera prima de Julian Ducournau (Raw) o High Life, la última producción de Claire Denis, están explotando este recurso para crear un perspectiva distinta sobre la apreciación del cine.

Estos elementos no son nuevos en la industria fílmica, el resultado se le debe a Dario Argento con el creciente género de culto italiano denominado Giallo (amarillo). Títulos como Suspiria o Inferno son ejecutados a la perfección una variedad de colores que se mezclan entre los oscuros escenarios de la noche citadina o de edificaciones lúgubres. Que poco tiempo después también será usado por David Lynch.

 

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Yann González nos presenta su segundo largometraje llamado Knife + Heart (la daga en el corazón). La historia está ambientada en París a finales de los años 70. Anne (Vanessa Paradis) es una importante directora de cine porno gay que se encuentra en un periodo obsesivo y enfermizo sobre su fatal relación con Loïs (Kate Moran), la editora de sus películas. Algo más está pasando, un sujeto enmascarado está asesinando a los actores que forman parte del equipo cinematográfico de Anne. Esto la inspirará a hacer su obra maestra.

¿Qué pasa con este director? Knife + Heart es prominentemente sensitiva. Es un hecho que González utiliza el recurso de Argento, lo que la hace impulsivamente visual. Los colores rojo, azul, rosa y morado crean una armonía complaciente. Hay que añadir lo sustancial que es la adopción del estilo Camp. Los personajes lo son gracias a la exageración de su actitud, sin olvidar los elementos más significativos que son sus atuendos y su entorno espacial.

La pornografía deja de ser algo vergonzoso para transformarse en una gracia. La masculinidad y la feminidad no existe del todo, lo que se ve es una perfecta belleza andrógina: los hombres adquieren una delicadeza exquisita y las mujeres adoptan un aspecto viril. Es relevante la notable participación de Noé Hernández con un papel jocoso; un producto exagerado de la sexualidad.

 

 

Los personajes carecen de una sensibilidad empática. El amor no existe tal como se suele representar, mas bien, el amor se pierde en el pasado de los protagonistas. Lo que importa es llevar al acto el propósito de terminar con el dolor de sus tormentas: la pérdida y la soledad. Es aquí donde el film se transforma en un producto más del cine giallo pero con un giro que permite otorgarle el protagonismo a la mujer, contrario  a los  largometrajes de Mario Brava y Argento: ahora el hombre es el objeto sexual.

La banda sonora es realizada por el duo francés, M83. Resalta por su potencialidad sensitiva, es relevante para que el acto visual tenga mayor efecto en el espectador. Cada uno de los tracks van mezclándose entre distintos géneros surgidos entre los años 70 y 80. Parte desde el dream pop de Cocteau Twins, el synth pop de The Human League, el electropop de Visage, el shoegazing de Ride y el new wave de Blondie

 

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