Cold War: espionaje, música y romance

Por Alexis García

“Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, mientras la violencia se práctica a plena luz del día”

John Lennon

 

Mientras que Roma de Alfonso Cuarón se ha llevado el reconocimiento de gran parte de la prensa norteamericana, Cold War ha sido injustamente la sombra de la película mexicana, tampoco estoy diciendo que no merezca ese reconocimiento, no obstante, la película polaca es una realización que no puede ser descartada como una de las mejores películas del 2018.

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Cold War es dirigida por Pawel Pawlikowski, ganador del Oscar a Mejor Película Extranjera en 2015 por Ida, curiosamente ambas películas contaron con la presencia de Lukasz Zal a cargo de la cinematografía. El manejo de la fotografía blanco y negro y el formato de grabación clásico 4:3, permiten presentar un trabajo que prioriza las tensiones de Guerra Fría poco tiempo después de haber concluido la Primera Guerra Mundial.

 

La trama de la película se desarrolla a lo largo de 15 años, de 1949 a 1964, se ubica en la Polonia de la posguerra. Wiktor (Tomasz Kot) es un antiguo soldado del ejército de la URSS que es contratado por el gobierno para dirigir a un grupo de músicos y bailarines juveniles, ahí conoce a Zula (Joanna Kulig) una chica talentosa, ambiciosa y única, de quien se enamora, ellos deciden emprender un largo y difícil camino para estar juntos.

Pawlikowski tiene un magnifica habilidad para hacer sentir al espectador cercano a los personajes y sin la necesidad de representar un amor romántico empalagoso. El director plantea un complejo pasado para cada personaje. Esa crudeza que imposibilita a los personajes  reunirse y ni siquiera confiar en el otro por la constante amenaza de espionaje, el control político que pone trabas a lo humano para favorecer al sistema.

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La música da cuenta del folklor de Europa oriental, los integrantes de la orquesta de Wiktor son retratados como gente de pueblos que bailan y cantan la alegría y el sufrimiento de la vida cotidiana, sin embargo también servía como elemento de manipulación ideológica, destacando a Stalin como líder a seguir y el apoyo a sus reformas. Eso era la Guerra Fría, una lucha entre 2 clases de pensamiento, y cualquier actividad como la música adquiría un carácter político.

Este es el homenaje que Pawel Pawlikowski realiza a sus padres. El instinto de supervivencia, sentimientos transmitidos a través de notas musicales y poderosas liricas, la esperanza de encontrarse con el amor “imposible” ante una coyuntura política que no lo permite, es el marco del complejo que se retrata en Cold War.

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