Suspiria: el placer de un nuevo comienzo

Por Susana Silva

Cuando se hace un remake siempre se espera que sea mejor a la primer versión. Disney es una de las principales industrias que ha optado por llevar a la pantalla las nuevas versiones de sus clásicas animaciones, como sucederá este año con la llegada del live action de Dumbo, Aladdin y The Lion King.

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Desde que se anunció otra versión más de Suspiria a cargo de Luca Guadagnino, aquel cineasta que alcanzó reconocimiento por Call Me by Your Name, se empezó a poner una continua atención por su estreno. El anhelo por verla tempranamente en cines creció por su elenco (Tilda Swinton, Dakota Johnson, Chloë Grace Moretz y Mia Goth), además de la colaboración musical a manos de Thom Yorke. Pero cuando llegó a proyección en el pasado Festival Internacional de Cine de Venecia, las expectativas cayeron: las criticas no fueron muy favorecedoras para la película.

¿Qué tiene este remake? Se disuelve completamente de la primera. Lo que hace Guadagnino es formular su propia historia con el espíritu de la trilogía de las tres madres de Dario Argento. No aspira a repetir el mismo estilo, ni dar un homenaje al cine giallo, construye su propia visión del género de terror. Toma como pieza principal la primera película y lo complementa con las dos restantes. La aparición de Jessica Harper, la primera Susie Bannion, motiva a no desligarse del Suspiria de Argento.

Esta ambientada en el mismo lugar y en el mismo año, dedicando más el recuerdo de la Alemania lacerada por el terrible periodo nazi. Aquí sobresale una visión feminista, en la que una de las tres madres desobedece los principios de la mujer dedicada a la crianza, utilizando la danza como una forma de subversión. El arte es el compás para construir la acción renuente.

En esta versión todo tiene una justificación: mientras que la de Argento propone divertir y disfrutar el horror, la de Guadagnino asimila la necesidad de la maldad y la oscuridad como complemento del acto mismo. El poder se establece como un juego constante entre las tres maldades. La maternidad se torna imprescindible para equilibrar la devoción, pero también es el puñal que oprime las aspiraciones de Susie.   

La puesta en escena y el montaje sobresale por ser exquisitas, se separa de la grotesca arquitectura de Argento; la fotografía no busca sobreexponer los colores a una penetrante violencia, como sucede en la primera con la aparición saturada del azul, rosa y rojo neón, característico del filme original. La coreografía para la pieza Volk es, tal vez, uno de los elementos más significativos, siendo así otro de los momentos más esperados. La danza resulta ser siniestra y provocativa, figurando los bailes rituales de los aquelarres. 

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