BIENESTAR EN EL VALLE DE LAS SOMBRAS

Por Susana Silva

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« Movido por un poder más fuerte que su voluntad, caminaba, buscando oscuramente el origen del eco que resonaba en él. Errando en el bosque, olía con embriaguez el perfume del musgo fresco y de las largas hierbas que cubren el suelo negro, en el humus secular ; y estos olores saludables le llenaban de una alegría misteriosa que le parecía haber experimentado ya.

A veces, permanecía jornadas enteras acurrucado detrás del tronco de un árbol, vigilando pacientemente, con una incansable curiosidad, todo lo que se movía en torno a él, el movimiento de las múltiples pequeñas vidas resguardadas por los grandes árboles, insectos o bichos de pelo pardo. »

                                                                                                La llamada de la selva, Jack London.

Aslak (Adam Ekeli) es un niño de seis años que vive con su madre en una apartada región de Noruega. En las últimas noches de luna llena se ha presentado la muerte brutal de varias ovejas. Lasse (Lennard Salomon), unos años más grande que Aslak, le cuenta que estos actos son cometidos por un hombre lobo, habitante del bosque que se encuentra a unos cuantos kilómetros. Por su parte, su madre Astrid (Kathrine Fagerland) lleva tiempo fatigada por la desaparición de su hijo mayor.

La innegable existencia de la bestia y el desconocimiento del problema que aqueja a su madre, engendrará en Aslak el temor y la confusión. El vago recuerdo de su hermano, la angustia de los perturbantes aniquilamientos y el estado emocional de su madre serán la fuente para que se adentre a las profundidades del bosque. Dentro experimentará el miedo, pero es con ello con lo que desafiará los terrores de la naturaleza y de su propia mente. Aslak descubrirá que la tenebrosidad no es lo que expresan los adultos.

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El largometraje es un pasaje de la etapa infantil e inocente. Todo humano que fue niño padeció el temor a lo desconocido, a las tinieblas, que es vislumbrado como una guarida de monstruos. El bosque representa perfectamente la palpitación de lo aterrador. Aquí, la oscuridad no será vista como un ente que alberga las sombras y la maldad sino una acompañante que proporciona tranquilidad y seguridad.

Este es el primer trabajo del director Jonas Matzow Gulbrandsen, presentado en  la sección Discovery del 42º Festival Internacional de Cine de Toronto. Lo más sobresaliente del filme es la actuación del pequeño Adam Ekeli, que inyecta desasosiego y tranquilidad permanente a lo largo de la película; nos comparte y transporta a su edad, reviviendo nuestro periodo puro. 

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