LA ENFERMEDAD EN EL DISCÍPULO

Por Susana Silva

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Con un humor ácido es como El discípulo critica el fanatismo religioso dentro de una Rusia fuertemente abandonada. Dirigida por Kirill Serebrennikov, con presencia en el Festival de Cannes 2016 y reconocida en diferentes festivales, es el segundo estreno más importante después de Loveless (2017).

Veniamin (Pyotr Skvortsov) es un adolescente, fiel seguidor del cristianismo. Dentro y fuera del hogar lleva consigo la Biblia para recitar, en todo momento, versículos que dictan lo correcto y no lo que se hace fuera de las sagradas escrituras. En la escuela mantiene una lucha constante con su profesora de biología, Elena (Victoria E. Isakov), por no considerar a la ciencia como la verdad absoluta.

Serebrennikov adapta la obra teatral de Marius von Mayenburg, ambas compuestas con fragmentos de la Biblia que construyen una historia violenta y erótica. El adolescente es el fiel ejemplo del fanático que logra maniobrar, a su antojo, a un grupo de personas vulnerables. Pero es más claro ver lo tardío de Rusia frente a la educación y la aceptación de la diversidad sexual.

Elena es la significación de la racionalidad frente a un cúmulo de ideas discordante dentro del divino libro. Mientras que la madre del adolescente, los demás profesores y la directora de la preparatoria son representación de los que seden por complacer, sin reconocer la realidad que debería ser considerada: la ciencia.

Frecuentemente se observa lo positivista del cristianismo como: “está comprobado científicamente que la gente que reza vive más” y “¿qué reglas son mejores que las de Dios?”. Son estas frases las que pueden ser tomadas como la mayor veracidad triunfante, pero son un conjunto de mentiras que más fieles seguidores mantiene.

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