Travis Scott – Astroworld

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Por Fernando Escobar

A Travis Scott lo he considerado como el artista trap definitivo pues posee algo que el resto de sus compañeros raperos carece: creatividad. Forjador de un estilo musical propio que ha marcado, en muchos aspectos, el rumbo del rap contemporáneo, sus beats están cargados con una vibra cinemática que convierte a sus producciones y sus letras en encuentros cercanos del tercer tipo con su mundo decadente, donde impera le spleen y la oscuridad que envuelve el camino hacia el éxito: drogas, sexo y diversión que esconden una inclinación hacia la locura. Astroworld es un proyecto que lleva prometiéndose hace más de un año, volviéndolo, quizá, el lanzamiento de rap más esperado del año. ¿Está a la altura de las expectativas?

Empecemos por los aciertos. Astroworld es el álbum, musicalmente hablando, más limpio y versátil que Travis ha lanzado al mercado. Es psicodélico, lleno de texturas, abundante en el uso de sintetizadores y autotune para dotar a las voces de personalidad y cadencia. El uso de los kick drums y hi-hats para generar ritmo se ve genialmente complementado por sintetizadores y guitarras que crean dulces y seductoras melodías que llenan de vida a canciones que, de lo contrario, serían esqueléticas y oscuras. Esta nueva fórmula explota desde los primeros segundos del track inicial “Stargazing”, un carrusel cósmico que se siente como una experiencia psicotrópica pero que, en su segunda parte, muestra a un Travis que ha mejorado notoriamente su capacidad lírica, rapeando sobre lo que mejor conoce: la fama y los delirios que vienen con ella.

Los tracks que conforman la primera mitad de esta álbum de 17 de canciones son evidencia de las valientes declaraciones de Travis catalogándolas como “lo mejor dentro de su repertorio”. “Carousel” es una sorpresiva colaboración con Frank Ocean, cuya voz adorna hermosamente un enérgico track con un Travis que se adueña por completo del beat; lo surfea, lo domina hasta convertirlo en la directa y la contagiosamente arrogante “Sicko Mode” donde, junto a Drake, los dos multimillonarios crean un himno nocturno y fiestero donde presumen su éxito y su riqueza, pero acompañados de una producción errática que hace que este track se sienta como un montón de fragmentos de canciones pegados con cinta adhesiva y que se pretende como una obra consistente.

Uno de los puntos más altos de este proyecto está en la introspectiva, emocionalmente profunda y noctívaga “Stop Trying to Be God”. Un track fantástico en el que las letras de Scott, críticas al complejo de Dios que se contagia en las mentes de las celebridades, se conjugan con un sutil balbuceo de Kid Cudi, una melodía a armónica de Stevie Wonder y un fantástico outro de James Blake que cierra uno de las más bellas canciones de trap del año. Dos joyas continúan este trayecto hacia el psicodélico mundo de Travis: “Skeletons”, una onírica fusión de los talentos estéticos de Tame Impala, Pharrel y The Weeknd, quien reaparece en la seductora “Wake Up”, donde su voz se funde brillantemente con los versos de Travis resultando en un track que recoge lo mejor de dos mundos: la oscuridad del trap y los hermosos ecos del R&B.

A partir de aquí, creo que la consistencia del proyecto se descompone totalmente, asumiendo rumbos que no parecen concordar mucho con la estética psicodélica del álbum y se acercan mucho más a la frialdad y vaciedad que Travis intentó en proyectos como Birds in the Trap y Huncho Jack. Tracks como “5% Tint”, “Yosemite” y “NC-17”, con un verso invitado de 21 Savage, son tracks con beats enérgicos y decentes (muy típicos en un proyecto de trap) pero con muy poca substancia, fruto de escuetas interpretaciones por parte de los implicados.

El rumbo se va corrigiendo conforme nos vamos encontrando con producciones como “Can’t Say” donde la experimentación con voces en capas distorsionadas genera un adormecimiento mental fascinante gracias a geniales interpretaciones de Scott y Don Toliver. De la nada, pero como algo presupuestado, Quavo y Takeoff hacen su aparición en este proyecto con una vigorizante producción de trap clásico en la forma de “Who? What?”. Más la última sorpresa está en la canción que cierra este proyecto, un track mucho más íntimo y sincero de lo que Scott nos tiene acostumbrados. “Coffe Bean” es Travis discutiendo muchas de sus inseguridades en su vida personal con Kylie Jenner: por una parte temeroso en parte de que su estilo de vida arruine la relación y por otra paranoico respecto a la percepción del público al verlo relacionado con el clan Kardashian. Este tipo de declaraciones vuelve especial este track dentro de toda la discografía de Travis, demostrándolo como un rapero mucho más maduro y con temáticas aun por explorar.

Después de escucharlo múltiples veces, encuentro más aciertos que errores en Astroworld. Sin duda contiene algunas de las mejores canciones de Travis y las veo adquiriendo trascendencia dentro de su propia discografía, pero no si este mimo impacto sea recíproco en lo que respecta al género del trap. Parte de la magia de su álbum Rodeo fue lo influyente que resultó para la comunidad del hip hop, y eso es, quizás, por lo que hoy en día más se endiosa a Travis Scott. Aún así, no creo que sea justo juzgar este proyecto bajo aquel único estándar. Sin duda, Astroworld es una pieza de calidad performada por uno de las personalidades más virtuosas en el mundo musical contemporáneo, el tiempo nos dirá si Scott volverá a hacer olas. Por lo mientras, basta con resaltar el talento que “La Flame” imprime en gran parte de este buen proyecto.

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