La Cuarta Compañía: realidad llevada a la ficción

Por Alejandro San Germán 

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“Todo lo que entra a una cárcel tiene que salir”, asegura Amir Galván Cervera, co-director de La Cuarta Compañía (2018), proyecto desarrollado en conjunto con Mitzi Vanessa Arreola. La historia, nominada en 20 categorías de los Ariel y galardonada con 10 premios, gira en torno a Zambrano, cuya llegada al penal de Santa Martha coincide con la implementación de un programa de readaptación social, a través de la conformación de un equipo de futbol americano. El equipo: Los Perros. El año: 1979. El presidente: José López Portillo. El Jefe de la Policía: Arturo “El Negro” Durazo Moreno.

Lo que quedó de Pancho (2003) sirvió como germen del proyecto; 33 minutos que describen la sexta salida de prisión de Francisco Sánchez Meza, para volver a su normalidad. Este corto se convirtió, en palabras de Vanessa, en una narración “muy rica en detalles, en situaciones y fechas”; se convirtió en un “muy buen mapa del tesoro”.

El acercamiento de Amir a este tema, viene de familia. Nieto de un médico legista en Lecumberri, e hijo de una madre periodista que colaboró en el programa ochentero Inocente o Culpable, creció rodeado de historias tras las rejas.

Su antecedente común más inmediato: Presunto Culpable (2008). Vanessa (quien gusta de su espresso doble sin leche) fue consultora creativa, mientras que Amir formó parte del equipo de dirección. Fueron ellos quienes incorporaron la filmación de material al interior del penal en el documental de Roberto Hernández.

Para hacer una película ambientada en la prisión, hay que filmar en una. Existe una vibra que resulta difícil de recrear. Llevar el rodaje tras las rejas, se convirtió “en un estímulo permanente para el perfeccionamiento y la verosimilitud de la historia”. Hombre libre (1979), Santana, ¿Americano yo? (1992) y Sueño de fuga (1994), son ejemplos de la riqueza que brinda la vida en prisión cuando se quiere hablar de ella. La cárcel como escenografía y los reos como miembros del cast, son una combinación única.

¿Cómo obtener el permiso de las autoridades para grabar? Presentar al rodaje como parte de un programa de actividades culturales. Vanessa había tenido oportunidad de hacer teatro experimental para internos a los 17 años; se comparó con la inmersión que tuvieron que realizar para concretar la película. “Involucrar a los internos, meterse a la cárcel y sacar la película costara lo que costara”, era la meta.

Dos años de preparación fueron necesarios para generar la sensación de seguridad, que requería llevar a un equipo profesional de cine. Un manual de supervivencia fue diseñado para todo el equipo; se firmaba un contrato en el cual estipulaba su adhesión a las reglas que contenía.

“Esto es casi una exclusiva, porque nunca lo hemos dicho (gracias, Amir). Accedimos a una base de datos, con fotografías y fichas, en donde podíamos saber exactamente quién era quién en la cárcel. Había gente que se acercaba a la producción, pero era de verdadero riesgo; nosotros podíamos identificarlos y teníamos protocolos clarísimos de disuasión”.

La preparación de los internos para la producción, se dio a través de talleres de apreciación cinematográfica. “Queríamos que comprendieran perfectamente bien cuáles eran las funciones y los roles de toda la gente que iba a llegar ahí, porque nos interesaba que respetaran ese trabajo y que lo apoyaran”, recuerda Vanessa.

Después de recibir “la bendición” de la Jefatura de Gobierno, empezó el verdadero reto: el rodaje. Presentarse a llamado a las 4 de la mañana, pasar por la revisión de la aduana, aprovechar al máximo el tiempo efectivo de grabación (alrededor de 6 horas), esperar año y medio entre la primera y segunda etapa del rodaje, y convivir día a día con internos, actores, vigilantes y camarógrafos, no es una experiencia que todos puedan contar.

Gorra, gafete, brazalete, sello de seguridad visible únicamente con luz negra, y chaleco fosforescente con nombre y número de identificación, para distinguir “a tiro de vista” al equipo de filmación de la población del penal. Una vez que se ponía el sol, alrededor de las 18:30 horas, se detenía el rodaje. En Santa Martha no se graba en la obscuridad.

Como en todas las prisiones hubo fuga; el actor que iba a representar a Combate, dejó el rodaje una semana antes de iniciar su participación. Y mientras él dejó Santa Martha, Pablito, uno de los reos que aparece en la película y quien ya había pagado su condena, regresó al penal porque no tenía a dónde ir.

Otro miembro destacado del cast es “El burrero”, el reo más antigûo en el sistema carcelario mexicano (en el momento de la realización de la película), con tres participaciones en la industria cinematográfica. Ingresó a los 18 años a Lecumberri y 48 años después, el “pinche viejo” (como le llaman algunos de sus ex compañeros “santamartianos”) salió caminando para conocer el metro y descubrir la televisión a color.

Contrario a lo que podría pensarse, La Cuarta Compañía no fue concebida con el propósito de “golpeteo”; es una historia que describe lo que los partidos políticos, funcionarios e instituciones son. La creación de Palafox, Zambrano, Quinto, Siqueiros y “El Tripas”, es resultado de su relevancia en términos históricos y humanos. Todos los personajes dan fe del papel catalizador que la adversidad tiene en las personas.

Amir está convencido de que “la cárcel no es una solución de nada; no rehabilita, no incapacita para delinquir, no hace nada”. Para Vanessa, no es más que “un sistema de rentas que a alguien conviene mantener así, y una fábrica de resentimiento”. Durante el rodaje, pudo presenciar “la infinita orfandad del mexicano; (los presos) tienen actitudes tan infantiles para llamar la atención pero tienen la otra faceta, la de malotes que han hecho cosas espantosas”. Ambos coinciden en que son producto de sus circunstancias.

Es una película que puede incomodar, sobre todo a quienes pensaron que verían en la pantalla una historia de superación a la Golpe Bajo (2005), debido a la crudeza con la que muestra la vida en prisión. Sin embargo, se trata de una realidad que no debe ocultarse; debe enfrentarse y se debe reflexionar al respecto, como lo hacen ambos directores, quienes trabajan en una serie documental sobre el Estado de Derecho en el país, los vacíos que crea el Estado mexicano en esta materia, y las personas que se encargan de cubrirlos (sí, fue un comercial).

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