Natalia Lafourcade en el Metropólitan, una noche mágica

Tras una larga y ambiciosa gira que recorrió Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, Natalia ha llegado al cierre de ésta con siete fechas (que iniciaron la semana pasada) y sold out en el recinto que ha sido refugio para su música durante muchos años: El Teatro Metropólitan. El concierto número cuatro tomó lugar la noche de ayer y dio inicio instantes después de que el reloj diera las 8:30.

Quien ha asistido a un concierto de Lafourcade sabe la puntualidad con la que empieza el show y, sobre todo, la durabilidad de éste, pues tiende a deleitarnos con su música durante tres horas completas. Así que, luego de anunciarse la tercera llamada y de que las luces se apagaran, la voz de Natalia inundó el lugar.

A ciegas, y aún sin su presencia en el escenario, un bello discurso dio apertura a lo que, en definitiva, sería una experiencia llena de nostalgia para todos aquellos que hemos crecido junto a ella, tanto en el plano personal como en el musical.

Lafourcade dijo que el concierto sería una fiesta para celebrar sus quince años en la música, por lo que invitaba a su público a bailar, jugar, cantar, llorar o simplemente disfrutar desde nuestros asientos sus melodías. Además, recordó que después del cierre del tour tomaría un largo descanso y dicho esto, una tenue luz iluminó una parte del escenario donde se encontraba ella (vestida de rojo y adornada con flores) Los Macorinos y un comedor.

Con esta escenografía que trataba de crear un ambiente hogareño, la artista comenzó a cantar Alma Mía, dando pie al primer bloque del concierto que estuvo conformado por algunas de las canciones de Musas. A través de su homenaje al folclore latinoamericano y una botella de alcohol que bebió junto a Los Macorinos, hizo mención de todos aquellos grandes de la música (como Chavela Vargas y Agustín Lara) que la inspiraron y dieron lecciones mediante el arte.

Tras terminar dicho bloque, Natalia reapareció frente al piano con una vestimenta que nos recordaba la naturalidad y sencillez con la que suele presentarse en sus conciertos. Estoy Lista inauguró lo que sería la parte del concierto dedicada al álbum Hasta La Raíz, disco que desnudó por completo a Lafourcade y que la exhibió de la manera más transparente y humana posible.

Hasta La Raíz fue para muchos de nosotros la anestesia perfecta en tiempos difíciles donde la vida da tantos golpes que no queda más opción que respaldarse de ellos a través de la música. En este sentido, estas canciones que rememoran el sentido de la vida, la importancia de la libertad espiritual, el crecimiento y el proceso de sanar las heridas, nos trajo nostálgicos recuerdos a varios que no pudimos evitar llorar al escucharlas.

Rumbo a la mitad del espectáculo, Natalia le dio un giro a la experiencia que estábamos viviendo y continúo con una mezcla de canciones que demostraba el desarrollo de su carrera musical; nos remontamos hacia viejos tiempos con Amarte Duele y En el 2000, pero también gozamos con otras melodías más recientes que hizo que el público se pusiera eufórico y la aclamara constantemente.

Ya hacia la recta final del concierto, la artista presentó a su banda y pidió aplausos para todo su equipo que está detrás del escenario. Entre sus grandes colaboradores destacó a su corista, Silvana Estrada, quien tuvo un pequeño espacio en compañía de Natalia para darnos a conocer su trabajo; Silvana le dedicó una de sus composiciones provocando lágrimas en Lafourcade y conmoviéndonos a nosotros al ver a dos generaciones distintas hacer tributo al arte.

Natalia, con su usual humildad y sentido humano que la hace auténtica y cercana a su público, recordó varias veces lo importante que es amar y celebrar la vida. Agradeció el apoyo que ha recibido durante todo el trayecto que lleva recorrido como artista y pidió que le diéramos oportunidad e impulsáramos a aquellas nuevas propuestas que rinden homenaje a la música en lugar de degradarla.

Finalmente, para concluir con esta noche tan conmovedora, Lafourcade dijo que su próximo descanso sería para reiniciar y reencontrarse en la cotidianidad. Interpretó como última melodía Partir de Mí y se despidió correspondiendo el amor del público con una enorme sonrisa, agradecimientos y una foto final.

Sin duda, los conciertos de Natalia garantizan una experiencia única que permite sentir y conectar. Sin embargo, el de ayer nos hizo vibrar de una manera distinta. Quizá fue la emoción de recordar sus inicios, admitir que el tiempo ha pasado, volver a pensar en lo que algún día fueron corazones rotos o el hecho de saber que no la tendremos de vuelta por un largo tiempo, pero puedo atreverme a decir que fue una noche imposible de olvidar para todos los que la consideramos una inspiración.

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