High as Hope – Florence and the Machine

Por: Fernando Escobar

A Florence Welch la considero una de las voces más prolíficas de actualidad, una que ha buscado expandir los límites del pop con miras a convertirlo en un género dinámico, apoyándose en otros medios de expresión y comunicación artística como la poesía y la fotografía. En mi opinión, esto lo alcanzó en el 2015 con How Big, How Blue, How Beatiful; un álbum que no sólo retomaba la grandilocuente y orquestal propuesta de sus anteriores trabajos (aderezada con unos toques de rock), sino que estaba repleto de pegajosas y líricamente excelentes baladas. Ahora, tras una dolorosa ausencia de nuevo material, Florence regresa con un álbum quizás menos ambicioso musicalmente hablando, más despegado del barroquismo con el que usualmente adorna sus composiciones y sus interpretaciones vocales.

High as Hope es un álbum muchísimo más íntimo, simple y poco poético de lo que nos tiene acostumbrados. Mucho más directo y menos recurrente a alegorías mitológicas y metáforas, el álbum es una colección de canciones escritas como extractos del presente estado en el que encontramos a Florence: como una mujer que revisa las anteriores páginas de su propia biografía y encuentra paralelismos con la historia de su presente. En ese sentido, Florence encuentra en la ingenuidad, el éxtasis y el vacío de su juventud, a su propio ser padeciente de una ausencia que requiere ser llenada, y los rastros de su necia ambición por encontrar algo que le llene o la complemente.

Esto último es explorado en “Hunger”, “South London Forever” y “Big God”. En la primera, Florence describe al amor como ‘un hambre insaciable que se expresa en nuestra constante búsqueda por confort’, ya sea mediante el romance, en las drogas, en la compañía, etc. La segunda, una dulce balada liderada por un piano y su explosiva voz, encuentra a Florence viendo a su joven ‘yo’ disfrutando del hedonismo de la adolescencia, esta época en la que uno busca llenar la tristeza del vacío con todo tipo de alegrías. La tercera es el sufrimiento por ‘la materialización de la ausencia’ en el final de una relación. Aquí. Florence canta frente a un lúgubre piano y una pesada atmósfera la necesidad de un “Dios grande” que ayude apaciguar el sufrimiento.

¿Pero cuánto es suficiente? Finalmente, si continuamos llenando un vaso con agua este se termina desbordando hasta inundar la habitación. La contagiosa y bellamente arreglada, “Sky Full of Song” parece abordar este dilema a la vez que lo reconoce como una obsesión de la que es difícil despegarse. Florence se reconoce seducida por las sirenas, pero le es imposible dar media vuelta; está perdida en las alturas, zambullida en un cielo majestuoso del que ruega que alguien la baje a la tierra para descansar. Al final de cuentas, llenar la honda ausencia de nuestro ser parece traer un ajetreo enorme, uno cansancio que obliga a reencontrar el confort en el vacío. Y el ciclo vuelve a empezar.

Pero esto no puede ser un flujo eterno de altibajos. Debe existir un punto en el que la angustia y la felicidad se encuentren equilibradas; donde la ausencia no sea destruida, sino equilibrada y soportada. Con esta resolución es como Florence decide cerrar su álbum. “No Choir” es, precisamente, una pieza que expresa satisfacción sin derrochar euforia y, vaya ingenio, sin un coro… Alejada de las eufóricas orquestas usadas en Lungs y Ceremonials, Florence cierra su álbum con una canción de estructura simple en la que aprende a vivir con la memoria del amor por el que sufría en “Big God”: ‘si el mañana ha acabado, al menos lo gozamos por un momento’. La paz y la felicidad son encontradas en la reconciliación, ya no en la desenfrenada búsqueda por suplir un amor con otro, o más bien: suplir una ausencia por otra ausencia.

Estamos ante, sin duda, el álbum de Florence and the Machine menos “florence”. Uno en el que lo estelar no está en la fusión entre explosivas arreglos de cuerdas, retumbantes percusiones y elevadísimas interpretaciones vocales, sino en lo poderosa que puede ser voz de Florence cuando confiesa sus agobios del presente o cuando dedica canciones enteras a su hermana (“Grace”) o la mismísima Pati Smith (“Patricia”). High as Hope es Florence en su versión más personal y, más importante aún, terrenal posible.

Para muchos, incluyéndome, la ausencia de explosividad en este álbum puede extrañarse y desconcertar al principio. Sin embargo, la propia asimetría de este álbum con respecto a su catálogo anterior lo vuelve una especie aún más significante y única dentro de la obra de la cantante. Quien sabe, al final este álbum puede incluso volverse más significativo y crecer aún más dentro del propio escucha. Dejo esto a su propio criterio.

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8/10

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