Good Thing – Leon Bridges

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Por Fernando Escobar

Influenciado por los genios precursores del soul de los años 50’s, Leon Bridges generó altas expectativas en la escena musical. Su álbum, Coming Home, cautivaba con su estética áspera y vintage, que remontaba al esplendor de Sam Cooke y Ben E. King. Desde entonces, su más grande talento es el poder crear ‘vibras’ a través de la fusión de su voz y la música ‘de salón’ y ‘de taberna’. A pesar del rotundo éxito de ese álbum, quedaba la preocupación de que Bridges resultara ser un artista encasillado en sus propias influencias, incapaz de escapar de las reglas del género y la época a la que homenajeaba con maestría y precisión. Dos años después, con un mayor arsenal musical a su disposición, Bridges sorprende con un álbum que continua explorando la música del pasado, pero de una manera mucho más fresca y groovy que su antecesor.

Con su más reciente proyecto, Good Thing, Bridges explora muchas más épocas de la música afroamericana. Si en su debut nos de paseo hacia la década de los 50, ahora nos obliga a sacudir las caderas y mover hombros y pies hacia los primeros días del funk. La banda que acompaña a Bridges es ahora más rítmica, más explosiva, más bombástica y divertida, haciéndolo sonar más próximo a Sly & The Family, Stevie Wonder y Marvin Gaye. Acompañar a Leon en estos viajes al pasado sigue siendo súper reconfortante, pero ahora quizás lo sea más por sus pegajosas melodías, la expresividad a la que lleva su voz y las imperiosas ganas de bailar al ritmo de su nueva música.

Si bien resulta ser un throwback innegable, Bridges lo dota de cierta contemporaneidad al insertar pequeños matices del R&B actual. En “Shy” utiliza riffs de guitarra para potenciar una balada de amor desesperado; en la estupenda “Forgive You” acelera la cadencia de su cantar para entregar una de sus producciones más infecciosas hasta la fecha. Sin embargo, los 60’s y su estética son los protagonistas indiscutibles. Como ejemplo, tómese el track de presentación, “Bet Ain’t Worth the Hand”, tan alusorio a los éxitos de Aretha Franklin con violas de fondo y coros que complementan la aguda y seductora voz de Leon.

Por un periodo de dos canciones, Good Thing es invadido por los pianos y guitarras funky a lo George Clinton. El frenesí y la fiebre del funk arcaico es el lenguaje de los infecciosos tracks: “If It Feels Good (Then It Must Be)” y “You Don’t Know”, que hacen sonar a Bridges como una sensación de la discoteca. Sin embargo, la fase del final del disco le arrebata todo el ímpetu y toda la gracia que venía creciendo a lo largo del álbum. La recta final es un regreso formulístico a su anterior sonido blues y apacible. Ese es quizás el mayor ‘pero’ que se le pueda poner a la experiencia general del álbum. Es un cambio un tanto abrupto y desentonante con el sentimiento de entusiasmo sostenido hasta el momento.

A pesar de continuar como un músico ‘revisor del pasado’, Leon Bridges se prueba como un artista entusiasta y explorador de paletas musicales diversas. Un cantante fiel a sus raíces, devoto de los ritmos del pasado y una vía de entrada hacia la música que definió el pop y el R&B contemporáneos.

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