J. Cole – KOD

Por Fernando Escobar

El rapero y productor apadrinado por Jay-Z, J. Cole, presenta su quinto álbum de estudio: KOD. Las siglas aluden a los tres significados del título del proyecto: ‘Kids on Drugs’, ‘King OverDosed’ y ‘Kill Our Demons’. Precisamente, el uso de drogas, sus repercusiones y la actual cultura del rap que glorifica el consumo y la opulencia de bienes materiales son constante objeto de crítica y reflexión en los versos de Cole durante todo el álbum.

Para muchos, J. Cole es uno de los más grandes raperos de la actualidad. Sin duda es mucho más temático, reflexivo y socialmente consciente que la mayoría de sus contemporáneos, pero en mi opinión no ha logrado montar un proyecto en el que despliegue todo su potencial como liricista y como productor. KOD es su intento más reciente, ¿lo logró?

Éste es su álbum más comercial hasta la fecha. Cole entra de lleno a las instrumentalizaciones trendy del momento, rapeando sobre beats de trap y hip-pop, similar a lo que Kendrick Lamar hizo el año pasado con DAMN. Pero a diferencia de este último, KOD carece de personalidad, producto de una básica producción y pocos versos impactantes. Al comienzo del álbum, Cole se pone el disfraz del estereotípico rapero contemporáneo perdido en sueños inducidos por el xanax, la cocaína, el sexo y el dinero. Si en “ATM” y en “Motiv8”, Cole rapea sobre el consumo de drogas y el amor por el dinero, en “Once an Addict” y en “FRIENDS” reflexiona sobre el daño que las adicciones provocan a tu cuerpo, tu alma y la gente que te rodea. También se enfoca en lo dañina que es esta mentalidad “infantil y temeraria”, no sólo para los artistas, sino para las jóvenes entre la audiencia.

La temática y la consistencia están ahí, el problema radica en una ejecución tan simple, tan intrascendente. Nuevamente, el mensaje de J. Cole carece de la resonancia, de la personalidad y de la audacia necesaria para ponerlo en la boca de todos. Quizás el único gran momento de éste álbum sea en el track final, “1985”, en dónde Cole directamente critica a las actuales sensaciones Lil’ Pump y Lil’ Yachty y, parece sugerir, que un álbum secuela a KOD se viene próximamente. Este track por sí solo augura un montón de réplicas, y sin duda puede marcar una tendencia en la temática de los venideros proyectos de otros artistas.

Me preocupa que J. Cole sea la eterna promesa del hip hop, que sea incapaz de ser este artista adorado por los críticos y por las masas por igual. Por el momento, no queda más que decir que KOD es otro intento poco fructífero de llevar un mensaje social importante hacia una multitud que luce cada vez menos interesada en este tipo de temáticas. Si algo requeriría J. Cole es salir de su zona de confort y comenzar a colaborar más con la actual camada de talentos de la costa oeste para, poco a poco, improvisar su juego, no sólo como rapero, sino como personalidad.

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