Milky Chance: una noche de folk y melancolía

Por Mariano Martínez

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Foto: Mariana Ocaranza

El grupo alemán se presentó ayer en el Plaza Condesa, abriendo una de sus dos noches en la Ciudad de México. Los nervios, la emoción y la incertidumbre se hicieron presentes desde la fila. Ni la lluvia los hizo moverse de sus lugares. Se escuchaba un murmuro de pequeños coros de “Stolen Dance” y “Sadnecessary”. Las puertas del recinto se abrieron y la euforia de estar hasta adelante se adueñó de los cuerpos de los fanáticos. El hecho de ver por primera vez en tierras mexicanas a Milky les generó una incomparable emoción y ansiedad.

Dieron las 9 en punto y la banda no quiso esperar más. Salieron al llamado incesable de los 2000 fans. Al instante de su salida, la gente se emocionó al escuchar el primer acorde de “Clouds”. La voz incomparable de Klemens nos tocó cada fibra sensible del cuerpo. Los solos de armónica y guitarra de Greger nos tenían en un vaivén de asombro. Las incomparables percusiones de Philipp nos hicieron movernos hasta el cansancio y la batería de Schmidt estuvo impecable en cada rola. Pasaron los minutos y el público estaba fascinado con el espectáculo. De pronto, la audiencia se unió en una sola voz cuando escucharon “Flashed Junk Mind”. Una euforia que solo los alemanes pueden lograr. La melancolía llegó en el momento que sonó “Loveland”, ya que todos los enamorados en el recinto sacaron sus encendedores, abrazaron a su pareja y sintieron cada palabra de la rola.

La canción más esperada estaba a punto de empezar. La banda se volteó con sospechas y en segundos todos reconocieron «Cocoon», y la empezaron a corear. La banda tuvo que parar por segundos. No creían lo que veían. Todo el Plaza coreaba.  «Wait, wait… we can beleive it. At the count… ¡one, two!». Se escuchaba impresionante. El final se acercaba. Llegó el encore y, como era de esperarse, cerraron con broche de oro. «Stolen  Dance» empezó y toda la audiencia se unió en saltos y gritos. Milky supo complacer al público mexicano y cuando todos pensaban que había terminado, sonó «Sweet Sun». El conjunto de solos de batería y armónica nos mantuvo en un viaje del que no quisimos regresar.

Se despidieron con una foto y la promesa de su regreso. Sin duda fue una noche inolvidable.

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