Boarding House Reach de Jack White

Por Fernando Escobar Ayala

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Jack White se pone vanguardista y da rienda suelta a la creatividad en su tercer y más reciente álbum de estudio, Boarding House Reach. Un álbum experimental y trasgresor que luce como su mejor trabajo solista hasta la fecha. Su propuesta inyecta de vitalidad a un rock que se siente estancado, logrando conservar la energía del pasado para acoplarla con lo mejor de la música contemporánea. La locura, el frenesí y el descontrol conjugados en este álbum no suenan como nada que Jack White haya hecho antes.

El material fusiona instrumentaciones de la esfera del hard rock y el blues rock con elementos de música electrónica, hip hop y funk. Boarding House Reach es una especie de desastre sonoro bien configurado, diseñado para agitar la cabeza al ritmo de las guitarras salvajes de White y perderse entre los sintetizadores y la grandilocuencia del góspel y el blues del sur estadounidense. Son contados los artistas que, como White, pueden crear un proyecto similar, sin que suene como un popurrí de sonidos inconexos. Por momentos puede ser incómodo y sobresaturado, como la inquietante “Hypermisophoniac”, o violento y épico como “Over and Over and Over”.

«Ice Station Zebra» es quizás el mejor ejemplo de esa fusión de géneros tan diversos dentro del álbum. Comenzando como una extrañísima combinación de armonías de jazz sobre las que White rapea como si estuviera poseído por su conciudadano Eminem, para después entrar a una balada cargada de sintetizadores y elementos funk a lo Stevie Wonder.

Para aquellos fanáticos del “viejo Jack White” y su sonido homenaje al blues rock a lo Fleetwood Mack o a lo Eric Clapton, existen algunos vestigios de ese tradicionalismo al que nos tenía acostumbrados. Sin embargo, la ambición por explorar paletas musicales más experimentales y electrónicas lleva a White a incorporar sintetizadores, explosivos órganos y coros góspel a sus armonías de piano y guitarra acústica. El resultado son cautivantes y explosivas baladas como la canción inicial, “Connected By Love”, o la bellísima “What’s Done it’s Done”, una oda al desencanto, la apatía y la desesperanza llevada por la desgarradora voz de White.

Con Boarding House Reach, Jack White evoluciona como artista y eleva el espíritu del rock hacia terrenos poco explorados, manteniendo un sonido fiel y respetuoso a sus influencias del pasado, pero fusionándolo con los mejores ritmos del mainstream contemporáneo. Si continua sobre esta línea de exploración y reivindicación de lo que vuelve al rock un género tan lleno de actitud, a la vez que versátil y universal, bien podríamos empezar a considerar a Jack White como uno de los artistas que logren impulsar a una nueva generación de músicos rockeros. ¿Podríamos considerarlo un anticipado renacimiento del género? Habrá que esperar y escuchar.

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