Una noche con Bon Iver o sobre el calor inesperado en medio del invierno

Falta más de un mes para que termine el invierno, pero ya es un bon (h)iver (buen invierno)

Por José San Germán / [josejosesangerman@gmail.com] / @jocsaintgemain

Tuvimos que esperar 12 años, ¡pero valió tanto la pena! La helada noche del domingo fue el marco perfecto, metereológicamente hablando, para que el calor que Bon Iver irradió abrazara a todos los presentes. Las puertas se abrieron un poco más temprano de lo normal en el Pepsi Center, debido a una fuerte lluvia que nos hizo correr después de las 18:00. Cuando el agua desapareció, dió paso a un frío bastante intenso.

La noche guardaba una agradable sorpresa con la banda invitada. A las 20:00 BALTAZAR, un proyecto originario de Guadalajara, se apropió del lugar y maravilló a todos. Su sonido es muy particular: un neofolk con elementos pesados, sonidos psicodélicos y atmósferas drone. Como siempre, es un gusto que se abran espacios así para bandas mexicanas de mucha calidad.

Después de unos minutos de retraso salieron al escenario. La producción fue impecable. El escenario, con las baterias, teclados y guitarras en lo alto y el trombone paradaise (Justin se refirió así a la sección de alientos que los acompaña) en la parte de abajo. Bon Iver suena increíble en vivo. La voz de Vernon es perfecta, sin fallas. Prácticamente como en el disco. El sonido es tan potente, que en los bajos más marcados, vibraban los órganos internos. Las luces fueron maravillosas. Cambiantes todo el tiempo y construidas con secuencias de efectos, tonos, colores e intenciones que daban más fuerza a la música.

Catorce canciones y un pequeño encore bastaron para hacer explotar la cabeza, el corazón, y lo que el sonido y las luces se encontraran en el camino. 10 d E A T h b R E a s T, de su nuevo disco, inauguró la magia. Antes de empezar con Flume, Justin tomó el micrófono por primera vez en la noche. Nos agradeció estar y se disculpó por haber tardado tanto en venir «al sur», y que no sabímos cuánto lo habían deseado. Acto seguido, en medio de 715 – CR∑∑KS y 29 #Strafford APTS, hizo su único comentario político explícito de la noche al mencionar el sufrimiento y las cosas raras que un puñado de gente provocan en el mundo. Y para luchar contra eso, solamente está el amor, en cualquiera de sus formas. Musical en este caso.

Con una luz roja que los bañaba por completo interpretaron Blood Bank. Después hicieron un paréntesis musical del nuevo disco y se volcaron por completo a su segundo disco homónimo e interpretaron las primeras tres canciones, en desorden: Minnesota, WI, Holocene y Perth. Inmediatamente volvieron al nuevo disco y se aventaron 3 de un jalón: 33 “GOD”, 8 (circle), y 666 ʇ. Había un silencio hipnótico interrumpido por gritos aleatorios de emoción y algunos bailes lentos, en solitario o en un abrazo, que acompañaban a los ojos cerrados y húmedos.

Después de esa tercia, ansiábamos otro paréntesis, pero ahora de su primer disco. Y sucedió, a medias, cuando nos hicieron gritar (y llorar) con Skinny Love. El Pepsi Center gritaba a una sola voz: «I told you to be patient! I told you to be fine! I told you to be balanced! I told you to be kind!». Dejaron en el tintero y en las gargantas For Emma, Calgary & The Wolves (Act 1&2). Será la próxima. Antes de cerrar nos deleitaron con Creature Fear. El final fue muy emotivo. Justin volvió a tomar la palabra y fue muy breve: «Don’t be afraid. Never be afraid. We could lose everything and every moment spent being afraid until we lose everything is a waste of moment.» Y entonces sonó 22 (OVER soon).

El mensaje de toda la noche era claro y muy fuerte: «Spread love. Be thankful». Tal y como ellos lo intentan a través de su música, que anoche curó el frío y tantos otros malestares de quienes tuvimos la suerte de verlos. Nunca se los pierdan en vivo.

 

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