Una noche con The National o sobre la reivindicación de la tristeza

Y todos salimos felices de estar tristes, juntos.

Por Emma del Carmen / [emma.mtzyanes@gmail.com]

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Después de meses de espera, finalmente llegó el día para ver a la banda estadounidense The National tocar y arrancar lágrimas en el Pepsi Center con la gira de su nuevo disco: Sleep Well Beast.

La fila para entrar era un nido de murmullos, donde flotaban las sospechas y preguntas clásicas antes de ver a tu banda favorita: ¿Con qué canción van a abrir? ¿Crees que Matt (vocales) se baje del escenario?, entre otras miles de ideas y algunas apuestas. Yo solamente pensaba con qué canción iban a abrir el grifo del llanto. Una vez que el público pasó la tediosa inspección de los muy profesionales guardias de seguridad, todos corrieron para alcanzar lugares hasta el frente. El local comenzó a llenarse alrededor de las 20:30, y se hizo presente la típica impaciencia mexicana, retumbando en las paredes: “¡Ya empiecen, culeros!”

Exactamente a las 21:10 salieron los músicos. Gritos. Muchos gritos. Matt fue el primero en decir que era un honor estar en México, seguido por un: “No saben cuánto hemos esperado para esto”. De inmediato, pensé que el concierto podría tomar un tinte político que hiciera gritar a la banda mexa.

Nobody Else Will Be There abrió el concierto. Era esperado que comenzaran con la primer rola de su último álbum, la perfecta introducción para emocionar al público. Las narices apenas comenzaban a escurrir cuando nos deleitaron los coros del principio de The System Only Dreams In Total Darkness, y los hermanos Dressner (Aaron, guitarra y teclado & Bryce, guitarra) empezaron a hacer sonar todas sus cuerdas. Unos segundos de silencio dejaron que la respiración y los suspiros del público se apropiaran del lugar. Luces moradas y humo en el escenario fueron el preámbulo para un lento comienzo de Walk It Back, que logró que finalmente se asomaran las primeras lágrimas de la noche, que no pararon porque siguío Guilty Party; que debo decir, fue desgarradora. Nos llevaron al 2013 para tocar Don’t Swallow The Cap. La sala vibraba al ritmo de miles de gargantas cerradas que intentaban abrirse al gritar: “I’m not alone, I’ll never be!”. Minutos después, nos lanzaron al 2010, tocando uno de sus clásicos: Bloodbuzz Ohio que, para todos aquellos que pasaron su adolescencia con el disco High Violet, fue sumamente emotivo.

En este concierto hubieron muchas sopresas. Nadie esperaba que Squalor Victoria fuera la siguiente canción. Matt gritaba y se arrodillaba ante el público, mientras todos sentíamos que se nos salían los pulmones. I Need My Girl fue la rola que hizo a todas las parejitas besarse y abrazarse, mientras hacia evidente, al mismo tiempo, todos los corazones rotos en la sala. Regresamos a High Violet con otra sorpresa: Conversation 16. Fue aquí cuando mis sospechas del tinte político regresaron (algunos recordarán el video oficial de esta rola). Siguieron con I’ll Still Destroy You y Dark Side Of The Gym, con la cuál Matt bromeó al decir que es la única rola de ellos que se puede bailar, dedicándola después: “To all of those who have multiple lovers”. Después de que Sorrow ayudara a muchos a exorcizar malos recuerdos, Matt se dirigió al público y preguntó: “What’s the universal word for asshole? This one’s for Mr. Trump”. Turtleneck fue una de las canciones que más nos hizo brincar, mientras que podíamos ver la furia de Matt al cantarla (mis sospechas era ciertas). Siguieron el concierto con un curioso campechaneo cronológico: Slow Show (Boxer, 2007), England (High Violet, 2010), y Carin at The Liquor Store (Sleep Well, beast, 2017) durante la cual, desde las alturas solitarias de unos hombros, pude comprobar que terminó de rompernos el corazón con los bajos de Scott Devendorf y los metales pausados de Bryan Devendorf de fondo. Siguieron con Day I Die, donde finalmente nuestro vocalista dio un brinco al público y se dejó rozar por todas las palmas ansiosas y enamoradas. Me llamó la atención que al verlo a los ojos, su mirada no estaba en nosotros, lo que confirmó mi teoría: a diferencia de muchas bandas, la música de The National es para ellos. No había sentido nada tan bonito como ver a un artista verdaderamente entregado a su creación y no al público que lo alaba.

Continuaron con Fake Empire para hacernos llegar a una nostalgia de angry teenagers. Acto seguido, finalmente sacaron guitarras acústicas para tocar About Today.  Expresamente nos confesaron que mucha gente había pedido que la tocaran en vivo y ellos lo hicieron con un enorme gusto y pasión. Después del encore, salieron a rematar su mensaje político al tocar The KKK Took My Baby Away de los Ramones, que Matt describió como “The most honest thing you’ll listen to”. Las siguientes dos canciones fueron el clímax de todo el concierto: Mr. November sacó la furia del público mientras que Terrible Love hizo volar por todos lados los pedazos de miles de personas en desamor (presente o pasado). Todos estábamos esperando que cerraran con Vanderlyle Crybaby Geeks y así fue. La escena fue perfecta: a todos los integrantes de la banda los rodeó una luz blanca, dos guitarras acústicas, una pandereta y el micrófono apuntaron al público. Matt bajó de nuevo del escenario para tomar las palmas de todos mientras gritaba: “I’ll explain everything to the Geeks!”, que hizo que todo el concierto tuviera sentido: era una comunión geek que terminó con todos los asistentes pasmados, sin poder hablar, ni cantar. Al final, todos sentimos el poder de la unión del llanto y la memoria. Dejamos de negarlos y los abrazamos, los hicimos nuestros.

Lo único que me queda decir acerca de esa noche, es que The National es una banda que vale la pena ver-sentir-escuchar en vivo, las veces que sean necesarias. No creo que nunca pueda ser suficiente.

 

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1 Comment

  • Amé tu post! Lo acabo de descubrir por casualidad y me encantó. The National es mi banda favorita por mucho. La descripción del evento fue increíble, sentí un poco de envidia porque no pude estar ahí, pero tus palabras me llevaron a ese sitio con todos ustedes que sí pudieron asistir. Un abrazo.

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